lunes, marzo 06, 2006

Flaubert (inserte aquí su insulto).

Queridas bailarinas orientales, voy a daros alguien a quien odiar. Un responsable directo de las miraditas, los chistecitos, el acoso sexual, la relación con el striptease y demás leyendas negras. Flaubert. Sí, Flaubert el escritor, el de Madame Bovary. Flaubert no es el único; es uno de tantos occidentales que tomaron parte en la colonicazión del Norte de África, o fueron testigos interesados de la misma. Llevaban un determinado prejuicio encima sobre cómo es Oriente y cuando llegaron allí, se encargaron de que lo que vieran se pareciera a su prejuicio. Querían sentirse civilizadores benignos así que era necesario creer que llegaban a tierras de barbarie y de sensual decadencia.

Bien. Cuando tenía 28 años, Flaubert viajó a Egipto, se acostó con todas las prostitutas que pudo (las prostitutas lo obsesionaban), y escribió cartas y un diario. Fragmentos de éstos se han publicado en forma de libro, Flaubert en Egipto", y yo he leído este fin de semana un edición condensada e inglesa "The Desert and the Dancing Girls". Os voy a traducir y comentar algunos fragmentos.

Nos han dado soldados para contener a la multitud cuando queríamos hacer una foto: espero que estás impresionada. Como puede ver, cariño, las condiciones no podrían ser mejores.

Sasetti no para de decir: "pase lo que pase, podré decir que una vez en la vida me sirvieron la cena diez esclavos y había otro para espantar las moscas", y tiene razón.

En Egipto se rspeta más a los europeos que a los nativos.


¿ha quedado claro ya que Flaubert no era precisamente un observador humanitario e imparcial con un interés auténtico en las costumbres de este país exótico?

Vale, ahora sobre bailarinas. Ay, no, vaya. No son bailarinas. Son prostitutas que bailan. Por favor, pensad en cuál es el trabajo de una prostituta. Exacto: hacer lo que se le mande. Si alguien llega a un país mísero con la idea en la cabeza de que las mujeres locales son el súmum y cima de la sensualidad, preguntando "¿donde están las putas?" según se baja del barco, siempre habrá una mujer desesperada o un proxeneta listo. La demanda crea la oferta. Si ese mismo turista sexual piensa que uno de los encantos de las mujeres locales es bailar, le pedirá a la chica que baile. Y la chica bailará ¿qué? pues lo que bailaba antes de ser prostituta. Lo que bailan sus amigas. Lo que sabe. O quizá, lo que piensa que el cliente espera ver.

Que existieran las prostitutas que Flaubert buscó en Egipto no significa que la danza oriental sea una danza que las muejres hacen para excitar a los hombres. Significa que Flaubert y los demás que crearon el estereotipo durante los dos últimos siglos querían que así fuera. Ahora que me he desahogado a gusto, allá va:

Una tocaba la darbuka con los dedos, mientras la otra retorció su manto, se lo ató a las caderas, y bailó; hizo una danza alejandrina qu consiste, en cuanto a los brazos, en levantar alternativamente el borde de la mano hacia la frente. Otra danza: los brazos estirados hacia adelante, los codos ligeramente doblados, el torso inmóvil; la pelvis vibra.


Dos movimientos que nos resultan muy familiares: el primero, mientras te llevas una mano a la frente, el otro brazo se extiende hacia delante o hacia un lado. Es un movimiento muy elegante. El segundo movimiento es alguna clase de shimmy o vibración de caderas. No voy a traducir pero quiero decir que Flaubert dedica más adjetivos a las descripción de los genitales de la chica con la que finalmente se acuesta que al propio baile.

Para bailar se quita su túnica ampia y se pone un vestido de algodón de corte ocidental. Empieza. Su cuello se desliza adelante y atrás en las vértebras, y más a menudo hacia los lados, como si se le fuera a caer la cabeza; efecto terrorífico de decapitación.
Se queda sobre un solo pie, levanta el otro, la rodilla en ángulo recto, y entonces pisa con fuerza. Esto ya no es egipcio; es negro, africano, salvaje, como el baile anterior era formal.
Otro baile: poner el pie derecho en el lugar del izquierdo, y viceversa, alternadamente, muy rápido. (...)
Se desnudó. Llebava un cinturón de cuentas de colores. Su largo collar de monedas descendía hasta su vagina; y pasó el final por dentro del cinturón de cuentas.
Sacudidas violentas de las caderas. La cara siempre inexpresiva


Reconozco los movimientos de la cabeza, pero no los de los pies.

También vio bailar a hombres, o más bien a chaperos:

Hemos visto bailarines hombres. ¡Oh, oh, oh! (...) Imagínate dos rufianes, bastante feos, pero seductores en su corrupción, en sus miradas obscenas y la feminidad de sus movimientos, vestidos de mujeres, con los ojos pintados con anitimonio. Llevaban pantalones amplios... De vez en cuando, durante la danza, su representante, o su chulo, el que los trajo, jugueteaba con ellos, besándolos en la barriga, el culo o los riñones, haciendo observaciones obscenas en un esfuerzo por añadir más picante a algo que ya estaba bastante claro de por sí. Es demasiado bello para ser excitante. Dudo que las mujeres nos vayan a parecer tan buenas como los hombres: lo feos que son añade mucho al valor artístico del asunto.


Aclaro que Flaubert era heterosexual pero le atraía el aire de "todo vale" y de aparente permisividad a la homosexualidad que encontró en los burdeles egipcios.

Ya he dicho antes que los hombres bailan la danza del vientre. El problema es que estos no son bailarines: son prostitutas-hombres haciendo exactamente lo que se espera de ellos.

No sé a vosotras, pero yo siento un asco tremendo. Asco y pena.

1 comentario:

Elisa dijo...

Estimada Nia:

Concuerdo contigo, solo leer esas lineas que haz publicado del libro.
es asqueroso, como gente de mente cuadrada tergiversa hechos que estan tan llenos de historia de la que muchos podemos aprender algo. Lastimosamente el mundo esta lleno de este tipo de gente, que disfruta corromper la belleza de este tipo de danza.

Me encanta tu blog, y leer tus publicaciones, sigue adelante!!!!