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viernes, noviembre 27, 2009
Gala contra la Violencia de Género
El sábado, si nada lo impide, voy a la Gala en Sevilla. ¿Quién más se apunta?
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miércoles, octubre 28, 2009
Una comparativa de velos, años más tarde.
Creía que había escrito una entrada muy parecida a ésta hace años, pero no parece estar en el blog. Si me repito, perdón.
Cuando yo empecé a bailar, el velo de seda era un lujo para profesionales que no usaba casi nadie. Hoy día parece que todo el mundo lo usa, incluso las principiantes. Hoy voy a hacer una comparativa de velos de distintos materiales:
1. Velo de gasa de nylon sin bordes decorados. Esto es lo más barato que puedes encontrar. Ten cuidado, porque suelen ser demasiado pequeños. Su precio es su principal ventaja. También son muy resistentes a cosas como enganchones, y pisadas (una pisada puede romper un velo de seda). Inconvenientes: pesan más, y no son tan bonitos como los de seda. Los puedes encontrar más y menos gruesos. El más fino siempre será algo más pesado que un velo de gasa de seda.
2. Velo de gasa con el borde decorado: son como el simple, sólo que añaden un poco de inercia al movimiento gracias al mínimo peso que añada el bordado. Evita la decoración con cuentas de cristal. Un filo bordado es más que suficiente.
3. Velo simple de gasa de seda. Estos velos realmente no pesan nada. Nada de nada. Mi velo de nylon, un poco más pesado de lo normal, hecho con un visillo, pesa 120 gramos. Un velo de gasa de seda puede pesar entre 100 y 50. No es poco, especialmente en una clase donde puedes estar practicando una hora, o un intensivo de tres. Más aún en el caso del doble velo. Otra virtud es que son preciosos, y otra, que tocarlos es un verdadero placer sensual.
Esa falta de peso es una ventaja para no cansarse y un inconveniente en que bailar se hace un poco más difícil, ya que tienes que controlar mejor los movimientos. Echar a volar el velo es más difícil porque hay menos inercia, y es más sensible a las corrientes de aire. Yo no usaría velo de seda en un pasacalles o desfile. Tampoco lo usaría como principiante, porque es demasiado frágil. Una pisada puede ser un desgarrón. Es también más difícil de lavar y de planchar.
4. Están muy de moda los velos de seda con motas metálicas y borde metálico. Les tengo manía precisamente porque los usa todo el mundo. A veces son una carta de presentación que dice "Hola, me he gastado 60 euros en un velo! ¿a que molo?" No los he usado, así que no sé si hay alguna diferencia técnica con el velo de gasa de seda sin ribetes.
Los velos de seda degradados, que normalmente tienen ese borde decorado, son los más bonitos para bailar doble velo.
5. Velo opaco de seda. Pesa lo mismo que un velo de gasa de nylon, pero es opaco. Por lo tanto, aunque la técnica sea la misma, o casi, cambia completamente el juego expresivo porque si te pones a coquetear, y a entrar y a salir del velo, el público no te lo que escondes. Eso da muchísimo dramatismo, pero es arriesgado en muchos sentidos. Puede que te tapes la cara y no veas dónde estás, por un momento; puede que el velo se parezca demasiado a una prenda de vestir y estés insinuando un strip-tease. Creo que si te gusta el reto del velo opaco lo mejor es crearle coreografías específicas para explotar como es debido ese juego de me-escondo-y-vuelvo que permite.
6. La melaya, por último, es un velo negro, opaco y pesado que se usa para un estilo muy concreto inventado por Mahmoud Reda. Es difícil, precisamente por el peso, y las coreografías son de un aire muy coqueto que no asociamos al velo de gasa.
Cuando yo empecé a bailar, el velo de seda era un lujo para profesionales que no usaba casi nadie. Hoy día parece que todo el mundo lo usa, incluso las principiantes. Hoy voy a hacer una comparativa de velos de distintos materiales:
1. Velo de gasa de nylon sin bordes decorados. Esto es lo más barato que puedes encontrar. Ten cuidado, porque suelen ser demasiado pequeños. Su precio es su principal ventaja. También son muy resistentes a cosas como enganchones, y pisadas (una pisada puede romper un velo de seda). Inconvenientes: pesan más, y no son tan bonitos como los de seda. Los puedes encontrar más y menos gruesos. El más fino siempre será algo más pesado que un velo de gasa de seda.
2. Velo de gasa con el borde decorado: son como el simple, sólo que añaden un poco de inercia al movimiento gracias al mínimo peso que añada el bordado. Evita la decoración con cuentas de cristal. Un filo bordado es más que suficiente.
3. Velo simple de gasa de seda. Estos velos realmente no pesan nada. Nada de nada. Mi velo de nylon, un poco más pesado de lo normal, hecho con un visillo, pesa 120 gramos. Un velo de gasa de seda puede pesar entre 100 y 50. No es poco, especialmente en una clase donde puedes estar practicando una hora, o un intensivo de tres. Más aún en el caso del doble velo. Otra virtud es que son preciosos, y otra, que tocarlos es un verdadero placer sensual.
Esa falta de peso es una ventaja para no cansarse y un inconveniente en que bailar se hace un poco más difícil, ya que tienes que controlar mejor los movimientos. Echar a volar el velo es más difícil porque hay menos inercia, y es más sensible a las corrientes de aire. Yo no usaría velo de seda en un pasacalles o desfile. Tampoco lo usaría como principiante, porque es demasiado frágil. Una pisada puede ser un desgarrón. Es también más difícil de lavar y de planchar.
4. Están muy de moda los velos de seda con motas metálicas y borde metálico. Les tengo manía precisamente porque los usa todo el mundo. A veces son una carta de presentación que dice "Hola, me he gastado 60 euros en un velo! ¿a que molo?" No los he usado, así que no sé si hay alguna diferencia técnica con el velo de gasa de seda sin ribetes.
Los velos de seda degradados, que normalmente tienen ese borde decorado, son los más bonitos para bailar doble velo.
5. Velo opaco de seda. Pesa lo mismo que un velo de gasa de nylon, pero es opaco. Por lo tanto, aunque la técnica sea la misma, o casi, cambia completamente el juego expresivo porque si te pones a coquetear, y a entrar y a salir del velo, el público no te lo que escondes. Eso da muchísimo dramatismo, pero es arriesgado en muchos sentidos. Puede que te tapes la cara y no veas dónde estás, por un momento; puede que el velo se parezca demasiado a una prenda de vestir y estés insinuando un strip-tease. Creo que si te gusta el reto del velo opaco lo mejor es crearle coreografías específicas para explotar como es debido ese juego de me-escondo-y-vuelvo que permite.
6. La melaya, por último, es un velo negro, opaco y pesado que se usa para un estilo muy concreto inventado por Mahmoud Reda. Es difícil, precisamente por el peso, y las coreografías son de un aire muy coqueto que no asociamos al velo de gasa.
jueves, abril 16, 2009
Danza-teatro?
No suelo ver vídeos en youtube porque me aburro con facilidad. No ya de baile, sino en general. Me aburre mirar pantallas; leer sí, pero para ver por ejemplo una película necesito estar haciendo otra cosa a la vez.
Kayla me recomendó este vídeo, que dura once minutos, y lo vi enterito.
No es danza oriental ni tribal ni fusión de ambas. Es, en mi opinión, danza contemporánea que coge prestados pasos de danza oriental. Espero que os guste. A mí me ha encantado.
Kayla me recomendó este vídeo, que dura once minutos, y lo vi enterito.
No es danza oriental ni tribal ni fusión de ambas. Es, en mi opinión, danza contemporánea que coge prestados pasos de danza oriental. Espero que os guste. A mí me ha encantado.
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martes, enero 20, 2009
Reseña de espectáculo: Raqs Al Farah
O también "Leo, el ayoub, el saidi y la acumulación de chismes".
No es una novedad para cualquier lectora habitual que no me gustan mucho los accesorios. Veamos:
-El velo es bonito pero no me parecen necesarios los excesos. Una pieza de velo en un espectáculo basta y sobra.
-El doble velo no es el doble de bonito que el velo.
-El bastón sólo tiene sentido si se es capaz de bailarlo con la expresividad adecuada. Es el accesorio de una caracterización determinada.
-Las velitas son aburridísimas mientras no se demuestre lo contrario.
-Las alas son poco más o menos que un velo manco. Son como los todoterrenos: innecesariamente grandes, caros y casi siempre están fuera de lugar.
-El sable es, mientras no se demuestre lo contrario, una exhibición de gimnasia. Avísame cuando acabe.
-Cualquier accesorio en una bailarina de la que no tenga más referencia me hace sospechar, de entrada, que no piensa que su cuerpo y su arte basten por sí mismos.
Ea, me despaché a gusto. Es así, me gusta ver una coreografía de sable tribal dentro de un espectáculo, o ver una entrada de velo, cosas así, momentos puntuales. Aunque piense que por lo general, sobran, quiero comentar una actuación muy notable que he visto ya dos veces: la de Raqs Al Farah.
Leonor actúa con la música en directo de dos percusionistas. Por lo tanto, como lo que están interpretando son ritmos en un estado casi puro, tiene poco sentido hablar de canciones o de coreografías, aunque imagino que Leo tiene secuencias completas en la memoria. Leo (y que me corrija si me equivoco) parece pensar en sus espectáculos en términos de qué ritmos quiere bailar en una ocasión determinada, y supongo que también piensa en cuánto tiempo quiere bailar cada una. Eso da una gran libertad, y además genera una organización mental y estética sencilla. Cada ritmo tiene su expresividad, su personaje. También, en ocasiones, su elemento. Por ejemplo, saidi igual a bastón y viceversa.
La visión que tiene Leo del bastón es purista y folklórica. Te crea una plantilla mental sobre cómo son y y cómo tienen que ser el resto de bailes con bastón que veas en tu vida. El personaje, la técnica, es todo sencillamente perfecto. Muchas veces, Raqs al Farah pasa directamente del saidi al ayoub. es decir, pasa de aquí:
dum TAK, dum dum TAK (buen rollito)
a aquí:
dum TAK dum TAK / dum TAK dum TAK (como para entrar en trance).
Se cambia el bastón por el sable, y el personaje, su caracterización, el tipo de movimientos, cambian de forma drástica y completa. El número de ayoub acaba con un trabajo de suelo que no siempre interpreta igual (ya dije que no eran coreografías) y que siempre que lo he visto me recuerda a un parto. Especialmente la primera vez que lo vi, no sé si era la intención del grupo pero era como estar viendo una escenificación de la Diosa Madre dando a luz al mundo. Se me ocurren pocas cosas más difíciles de ejecutar que esa clase de ondas pélvicas y shimmies, pero la concentración de sentimiento era tan grande que la dificultad era lo de menos.
Es decir: se justifica el uso de elementos porque hay una unidad completa carácter-estilo-ritmo-elementos-movimientos. Para menos que eso, mejor limitarse a lo básico.
No es una novedad para cualquier lectora habitual que no me gustan mucho los accesorios. Veamos:
-El velo es bonito pero no me parecen necesarios los excesos. Una pieza de velo en un espectáculo basta y sobra.
-El doble velo no es el doble de bonito que el velo.
-El bastón sólo tiene sentido si se es capaz de bailarlo con la expresividad adecuada. Es el accesorio de una caracterización determinada.
-Las velitas son aburridísimas mientras no se demuestre lo contrario.
-Las alas son poco más o menos que un velo manco. Son como los todoterrenos: innecesariamente grandes, caros y casi siempre están fuera de lugar.
-El sable es, mientras no se demuestre lo contrario, una exhibición de gimnasia. Avísame cuando acabe.
-Cualquier accesorio en una bailarina de la que no tenga más referencia me hace sospechar, de entrada, que no piensa que su cuerpo y su arte basten por sí mismos.
Ea, me despaché a gusto. Es así, me gusta ver una coreografía de sable tribal dentro de un espectáculo, o ver una entrada de velo, cosas así, momentos puntuales. Aunque piense que por lo general, sobran, quiero comentar una actuación muy notable que he visto ya dos veces: la de Raqs Al Farah.
Leonor actúa con la música en directo de dos percusionistas. Por lo tanto, como lo que están interpretando son ritmos en un estado casi puro, tiene poco sentido hablar de canciones o de coreografías, aunque imagino que Leo tiene secuencias completas en la memoria. Leo (y que me corrija si me equivoco) parece pensar en sus espectáculos en términos de qué ritmos quiere bailar en una ocasión determinada, y supongo que también piensa en cuánto tiempo quiere bailar cada una. Eso da una gran libertad, y además genera una organización mental y estética sencilla. Cada ritmo tiene su expresividad, su personaje. También, en ocasiones, su elemento. Por ejemplo, saidi igual a bastón y viceversa.
La visión que tiene Leo del bastón es purista y folklórica. Te crea una plantilla mental sobre cómo son y y cómo tienen que ser el resto de bailes con bastón que veas en tu vida. El personaje, la técnica, es todo sencillamente perfecto. Muchas veces, Raqs al Farah pasa directamente del saidi al ayoub. es decir, pasa de aquí:
dum TAK, dum dum TAK (buen rollito)
a aquí:
dum TAK dum TAK / dum TAK dum TAK (como para entrar en trance).
Se cambia el bastón por el sable, y el personaje, su caracterización, el tipo de movimientos, cambian de forma drástica y completa. El número de ayoub acaba con un trabajo de suelo que no siempre interpreta igual (ya dije que no eran coreografías) y que siempre que lo he visto me recuerda a un parto. Especialmente la primera vez que lo vi, no sé si era la intención del grupo pero era como estar viendo una escenificación de la Diosa Madre dando a luz al mundo. Se me ocurren pocas cosas más difíciles de ejecutar que esa clase de ondas pélvicas y shimmies, pero la concentración de sentimiento era tan grande que la dificultad era lo de menos.
Es decir: se justifica el uso de elementos porque hay una unidad completa carácter-estilo-ritmo-elementos-movimientos. Para menos que eso, mejor limitarse a lo básico.
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sábado, noviembre 15, 2008
Reseña de espectáculo: Garnata
Vete a por un café porque esta entrada va a ser un pelín larga.
Ayer estuve en Granada (tres horas de camino gracias a las obras y los atascos: eso es pasión por la danza) para asistir a Garnata, un espectáculo organizado por Helena Rull. El programa era variado en estilos y en niveles de las participantes, que iban desde estrellas de este invento, como Munique Neith y la propia Helena, a un nutrido grupo de alumnas de la escuela de Helena Rull.
Para empezar, el precio de la entrada era ajustadito: diez euros por una gala con profesionales. Se logró el lleno total (el aforo debía ser de aproximadamente 300), y además por lo que vi, a pesar de que había muchas alumnas el público no eran precisamente sus familiares. Es decir: Granada da de sí para esto, más o menos al mismo nivel que lo que tenemos visto por Sevilla. La organización fue muy buena para lo que son estos casos: muy poco retraso, y muy pocos problemas de luces y sonido.
Antes de comentar las actuaciones de una en una, quiero señalar que en ningún momento, ninguno, tuve esa sensación que he descrito repetidamente de actuaciones que amontonan elementos de dificultad o golpes de efecto. Dificultades hubo, por supuesto. Pero las coreografías no eran, o no parecían, una sucesión de dificultades.
Por decir algunas cosas que yo mejoraría, no me gustó que a muchas bailarinas con el pelo suelto no se les veía la cara. Aparte de que no me gustan nada, nada, los flequillos caídos sobre la cara, muchas bailarinas lucían unas melenas preciosas, pero que por llevarlas sueltas, les tapaban la cara, quitándoles expresividad. Unas horquillitas o una diadema en plan princesita como las que usa Jillina habría resuelto esto; por otra parte, en una conversación en los servicios, parece que hay gente a la que le da igual ver o no la cara de la bailarina. Me sorprendió mucho.
-Munique tardó en convencerme. Bailó tres números: dos con entrada con velo, en el segundo caso muy breve (la entrada, no el número), y un solo de percusión. El segundo número, "Salwa", era el más complejo de los tres porque alternaba momentos lentos e íntimos con momentos de alegría y comunicación con el público. Ése fue el que más me gustó. Me pareció muy entretenida y espectacular su combinación de la expresividad desbordante, sobreactuada, del estilo Cairo-contemporáneo-en-plan-Dina, con el virtuosismo técnico del Cabaret.
Creo que me encantaría asistir a un intensivo de Munique aunque su estilo de bailar no sea mi favorito, porque tiene un dominio de la técnica excepcional. Sin embargo, en ocasiones me parece que sus movimientos están como desconectados entre sí, bordeando peligrosamente ese aspecto de tabla de gimnasia. En la primera canción, por ejemplo, es la primera vez en mi vida que me gusta más una entrada con velo que el baile sin él. Aparte, me gustan los elementos de dificultad ejecutados como si no importaran: ahí, los pliés de Munique son muy graciosos y un buen ejemplo de cómo hacer un paso difícil, pero en cambio, cuando hace un shimmy lo mira, estropeándolo, en mi opinión. Supongo que es cuestión de gustos, y que hay más gente que aprecia el control corporal y la velocidad más que yo.
-De Helena Rull me gustó la variedad de sus registros. La vimos en un solo de percusión, una improvisación con bastón, y con alas, además de en los números de la copmañía Hayati.
El solo de percusión estaba ejecutado al estilo más árabe/clásico que occidental, es decir, no marcaba todos los dums y taks. Este arte de moverse poco requiere una gran expresividad y originalidad coreografiando, y me encanta, aunque para abrir el espectáculo yo habría invertido el orden: primero la pachanga (es decir el bastón) para hacer al público entrar en calor, y luego la percusión. El número con bastón, simplemente perfecto. Impresionante. Es la mejor interpretación del origen de este baile que he visto en mi vida: se trata, se supone, de una parodia de la danza masculina, ¿no? Pues Helena lo baila con sentido del humor, coquetería, golpes en el suelo que son un calco de los de la danza para hombres, pasitos infantiles, pasitos sexys... La última vez que vi bailar bastón así fue a una ex-miembro de la Egyptian National Folk Troupe, hace más o menos cinco años. Se nota que Helena presta atención a los aspectos culturales del baile. Eso no quiere decir que sea necesariamente purista, porque remató su contribución a la gala con un número de alas de Isis, el elemento menos puro y auténtico de la danza oriental, que yo sepa. Al Habibi le gustó mucho la música de esta última pieza, un corte intrumental triste con aire de banda sonora.
-El Grupo Odalisca es el grupo de alumnas no profesionales de Helena Rull. Veo en su web que sólo actúan en espectáculos sin ánimo de lucro, algo que me parece muy bien para grupos de alumnas. En esta actuación, que sí era lucrativa, sus actuaciones compusieron la cuarta parte de la gala. Al contrario que en otros espectáculos que he visto y no mencionaré, la presencia de alumnas no desmerecía en absoluto del conjunto, porque bailaban bien, con buena técnica, con frescura y expresividad. Se notaba que eran alumnas de alguien (vi la actuación sin leerme el programa) porque no vestían todas iguales. Si hubieran vestido todas igual o todas coordinadas, habría pensado que eran un grupo de profesionales reestrenando una coreografía de nivel intermedio, por ejemplo en un homenaje a su profesora. El número estaba muy bien coordinado y tenía un pequeño grado de interaccione entre las bailarinas, algo que se suele echar de menos en los números amateur por las razones que apuntó Laire. En el tercer número, esta dificultad se salvó con el efectivo truco del "corrillo gitano", con las alumnas saliendo al centro a bailar, en turnos.
El segundo y el cuarto número de Odalisca pusieron a nada menos que quince bailarinas en el escenario. Ahora bien, nada que ver con otros intentos de poner a una clase entera a bailar a la vez. Las bailarinas estaban organizadas en tres filas, con las de detrás bailando con velos movimientos ligeramente diferentes de los de las de delante. Se notaba perfectamente que era un número para una gran cantidad de bailarinas (por ejemplo, dos filas de cuatro, como mínimo) y no un solo ejecutado por 15 personas a la vez. El cuarto número era parecido, con el detalle de que a media actuación, las ocho bailarinas del fondo salieron y entraron siete para pasarles unos bastones a las siete que quedaban. Todo eran pasos sencillos pero el efecto era espectacular, mucho más lucido que cualquier gala de alumnas. En este plan, voy encantada a ver recitales de principiantes el mes de Junio entero.
-Hayati es la tercera contribución de Helena Rull al espectáculo: su grupo de profesionales. Si no tengo notas tomadas de este número, debe ser porque no quise dejar de mirar..... Sobre los números individuales de sus componentes, disfruté mucho con el precioso (realmente precioso) número con velitas de Manuela. Carmen J bailó uno de los solos de percusión más difíciles que he visto en mi vida, una cosa extraordinaria, aunque quedó algo estropeado por su... ¿seriedad? Me recordó a cuando mi primera profesora nos decía a su puñado de principiantes "vale, os sale perfecto. Ahora lo vais a hacer igual, pero sonriendo".
-Paloma Cortés realizó un número de doble velo en el que me encantó la combinación de colores entre los velos y el traje (rosa muy claro-teja-esmeralda). Luce una impresionante técnica de giros, y justo cuando yo estaba a punto de apuntar que echaba en falta chispa y expresividad, salió como un hada de debajo de los velos y acabó su número de forma mucho más personal, conquistando al público (y a mí, de camino).
-La compañía Mabruk bailó un número muy divertido con mucha mímica, la intervención con más humor de toda la gala.
-Finalmente, Helena (no es Helena Rull) interpretó un solo de tribal con unos elementos hindúes muy bien encajados. Confieso que me he tirado media hora rastreando el google buscando información sobre ella y de lo único que me he enterado es que es de Vélez-Málaga. ¿Alguien me pasa algo más de información? Su interpretación es la segunda vez que veo un cántaro o jarra usado como elemento; la primera vez fue con Hala así que me resultó muy curiosa la diferencia en el uso de este objeto para crear un mínimo hilo argumental y construir personajes. Al Habibi le gustó; a mí me gustó tanto que eché en falta compañía para Helena en el escenario. Tribu, vaya. ¡Y quiero su música! ¡Por favor!
Para finalizar, una recomendación: El Bar Mesón Sierra Nevada, en una bocacalle frente al Centro Cívico del Zaidín, sirve unas albóndigas muy ricas y no cierra la cocina hasta las doce, algo que se agradece si entraste en el teatro a las nueve de la noche y es tu estómago el que pega saltos.
Ayer estuve en Granada (tres horas de camino gracias a las obras y los atascos: eso es pasión por la danza) para asistir a Garnata, un espectáculo organizado por Helena Rull. El programa era variado en estilos y en niveles de las participantes, que iban desde estrellas de este invento, como Munique Neith y la propia Helena, a un nutrido grupo de alumnas de la escuela de Helena Rull.
Para empezar, el precio de la entrada era ajustadito: diez euros por una gala con profesionales. Se logró el lleno total (el aforo debía ser de aproximadamente 300), y además por lo que vi, a pesar de que había muchas alumnas el público no eran precisamente sus familiares. Es decir: Granada da de sí para esto, más o menos al mismo nivel que lo que tenemos visto por Sevilla. La organización fue muy buena para lo que son estos casos: muy poco retraso, y muy pocos problemas de luces y sonido.
Antes de comentar las actuaciones de una en una, quiero señalar que en ningún momento, ninguno, tuve esa sensación que he descrito repetidamente de actuaciones que amontonan elementos de dificultad o golpes de efecto. Dificultades hubo, por supuesto. Pero las coreografías no eran, o no parecían, una sucesión de dificultades.
Por decir algunas cosas que yo mejoraría, no me gustó que a muchas bailarinas con el pelo suelto no se les veía la cara. Aparte de que no me gustan nada, nada, los flequillos caídos sobre la cara, muchas bailarinas lucían unas melenas preciosas, pero que por llevarlas sueltas, les tapaban la cara, quitándoles expresividad. Unas horquillitas o una diadema en plan princesita como las que usa Jillina habría resuelto esto; por otra parte, en una conversación en los servicios, parece que hay gente a la que le da igual ver o no la cara de la bailarina. Me sorprendió mucho.
-Munique tardó en convencerme. Bailó tres números: dos con entrada con velo, en el segundo caso muy breve (la entrada, no el número), y un solo de percusión. El segundo número, "Salwa", era el más complejo de los tres porque alternaba momentos lentos e íntimos con momentos de alegría y comunicación con el público. Ése fue el que más me gustó. Me pareció muy entretenida y espectacular su combinación de la expresividad desbordante, sobreactuada, del estilo Cairo-contemporáneo-en-plan-Dina, con el virtuosismo técnico del Cabaret.
Creo que me encantaría asistir a un intensivo de Munique aunque su estilo de bailar no sea mi favorito, porque tiene un dominio de la técnica excepcional. Sin embargo, en ocasiones me parece que sus movimientos están como desconectados entre sí, bordeando peligrosamente ese aspecto de tabla de gimnasia. En la primera canción, por ejemplo, es la primera vez en mi vida que me gusta más una entrada con velo que el baile sin él. Aparte, me gustan los elementos de dificultad ejecutados como si no importaran: ahí, los pliés de Munique son muy graciosos y un buen ejemplo de cómo hacer un paso difícil, pero en cambio, cuando hace un shimmy lo mira, estropeándolo, en mi opinión. Supongo que es cuestión de gustos, y que hay más gente que aprecia el control corporal y la velocidad más que yo.
-De Helena Rull me gustó la variedad de sus registros. La vimos en un solo de percusión, una improvisación con bastón, y con alas, además de en los números de la copmañía Hayati.
El solo de percusión estaba ejecutado al estilo más árabe/clásico que occidental, es decir, no marcaba todos los dums y taks. Este arte de moverse poco requiere una gran expresividad y originalidad coreografiando, y me encanta, aunque para abrir el espectáculo yo habría invertido el orden: primero la pachanga (es decir el bastón) para hacer al público entrar en calor, y luego la percusión. El número con bastón, simplemente perfecto. Impresionante. Es la mejor interpretación del origen de este baile que he visto en mi vida: se trata, se supone, de una parodia de la danza masculina, ¿no? Pues Helena lo baila con sentido del humor, coquetería, golpes en el suelo que son un calco de los de la danza para hombres, pasitos infantiles, pasitos sexys... La última vez que vi bailar bastón así fue a una ex-miembro de la Egyptian National Folk Troupe, hace más o menos cinco años. Se nota que Helena presta atención a los aspectos culturales del baile. Eso no quiere decir que sea necesariamente purista, porque remató su contribución a la gala con un número de alas de Isis, el elemento menos puro y auténtico de la danza oriental, que yo sepa. Al Habibi le gustó mucho la música de esta última pieza, un corte intrumental triste con aire de banda sonora.
-El Grupo Odalisca es el grupo de alumnas no profesionales de Helena Rull. Veo en su web que sólo actúan en espectáculos sin ánimo de lucro, algo que me parece muy bien para grupos de alumnas. En esta actuación, que sí era lucrativa, sus actuaciones compusieron la cuarta parte de la gala. Al contrario que en otros espectáculos que he visto y no mencionaré, la presencia de alumnas no desmerecía en absoluto del conjunto, porque bailaban bien, con buena técnica, con frescura y expresividad. Se notaba que eran alumnas de alguien (vi la actuación sin leerme el programa) porque no vestían todas iguales. Si hubieran vestido todas igual o todas coordinadas, habría pensado que eran un grupo de profesionales reestrenando una coreografía de nivel intermedio, por ejemplo en un homenaje a su profesora. El número estaba muy bien coordinado y tenía un pequeño grado de interaccione entre las bailarinas, algo que se suele echar de menos en los números amateur por las razones que apuntó Laire. En el tercer número, esta dificultad se salvó con el efectivo truco del "corrillo gitano", con las alumnas saliendo al centro a bailar, en turnos.
El segundo y el cuarto número de Odalisca pusieron a nada menos que quince bailarinas en el escenario. Ahora bien, nada que ver con otros intentos de poner a una clase entera a bailar a la vez. Las bailarinas estaban organizadas en tres filas, con las de detrás bailando con velos movimientos ligeramente diferentes de los de las de delante. Se notaba perfectamente que era un número para una gran cantidad de bailarinas (por ejemplo, dos filas de cuatro, como mínimo) y no un solo ejecutado por 15 personas a la vez. El cuarto número era parecido, con el detalle de que a media actuación, las ocho bailarinas del fondo salieron y entraron siete para pasarles unos bastones a las siete que quedaban. Todo eran pasos sencillos pero el efecto era espectacular, mucho más lucido que cualquier gala de alumnas. En este plan, voy encantada a ver recitales de principiantes el mes de Junio entero.
-Hayati es la tercera contribución de Helena Rull al espectáculo: su grupo de profesionales. Si no tengo notas tomadas de este número, debe ser porque no quise dejar de mirar..... Sobre los números individuales de sus componentes, disfruté mucho con el precioso (realmente precioso) número con velitas de Manuela. Carmen J bailó uno de los solos de percusión más difíciles que he visto en mi vida, una cosa extraordinaria, aunque quedó algo estropeado por su... ¿seriedad? Me recordó a cuando mi primera profesora nos decía a su puñado de principiantes "vale, os sale perfecto. Ahora lo vais a hacer igual, pero sonriendo".
-Paloma Cortés realizó un número de doble velo en el que me encantó la combinación de colores entre los velos y el traje (rosa muy claro-teja-esmeralda). Luce una impresionante técnica de giros, y justo cuando yo estaba a punto de apuntar que echaba en falta chispa y expresividad, salió como un hada de debajo de los velos y acabó su número de forma mucho más personal, conquistando al público (y a mí, de camino).
-La compañía Mabruk bailó un número muy divertido con mucha mímica, la intervención con más humor de toda la gala.
-Finalmente, Helena (no es Helena Rull) interpretó un solo de tribal con unos elementos hindúes muy bien encajados. Confieso que me he tirado media hora rastreando el google buscando información sobre ella y de lo único que me he enterado es que es de Vélez-Málaga. ¿Alguien me pasa algo más de información? Su interpretación es la segunda vez que veo un cántaro o jarra usado como elemento; la primera vez fue con Hala así que me resultó muy curiosa la diferencia en el uso de este objeto para crear un mínimo hilo argumental y construir personajes. Al Habibi le gustó; a mí me gustó tanto que eché en falta compañía para Helena en el escenario. Tribu, vaya. ¡Y quiero su música! ¡Por favor!
Para finalizar, una recomendación: El Bar Mesón Sierra Nevada, en una bocacalle frente al Centro Cívico del Zaidín, sirve unas albóndigas muy ricas y no cierra la cocina hasta las doce, algo que se agradece si entraste en el teatro a las nueve de la noche y es tu estómago el que pega saltos.
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domingo, noviembre 02, 2008
Reseña de espectáculo: Wallada, la última princesa.
Wallada es un espectáculo de Aixa Laxmi que pudimos ver en Córdoba el pasado viernes. Gira en torno a la complicada historia de amor de Wallada, una princesa Omeya del siglo XI, y el poeta Ibn Zaidun. Este hilo conductor narrativo, por mínimo que fuera, es un rasgo de originalidad que añadió belleza y atractivo al espectáculo, aunque acabó por saber a poco. Sobre el escenario, había una pantalla sobre la que se proyectaron imágenes de Córdoba, de flores, pinturas orientalistas, temas similares, mientras que un hombre y una mujer recitaban los poemas de Wallada o Ibn Zaidún, todos de amor, en diversos tonos: eróticos, alegres, tristes, enfadados. Los poemas se intercalaban entre los números de baile. Esto daba un momento de respiro a las bailarinas, y servía como transición entre danza y danza, pero contrastaba fuertemente con el carácter de cada número de baile, que eran o de estilo egipcio, o todo tipo de fusiones contemporáneas. En las danzas no había nada narrativo, y yo al menos no vi conexión entre los poemas y las coreografías. La verdad es que la publicidad me hizo pensar que el espectáculo tendría más unidad, algún elemento más teatral, quizá.
Los números de baile fueron muchos (trece) y variados. De forma parecida a cómo en Antojo Oriental distintas bailarinas (y Zuel) se complementaban entre sí, con un estilo más alegre, más egipcio, más clásico o más moderno y así según la personalidad de cada una, aquí las cuatro bailarinas eran cada una un mundo. Comentaré a cada una de ellas por separado por orden de aparición:
Carolina Prior presentó tres coreografías: doble velo, flamencoriental y sable. Eso por sí solo ya nos advierte de que no estamos ante ninguna purista (¡ni ninguna cobarde, tampoco!). El Habibi alabó la elegancia de su traje para el flamenco árabe, un bedlah rojo y dorado espectacular. Él ya está acostumbrado a verme tomar notas mientras veo un espectáculo y ésta ha sido la primera vez que me dice "te has perdido una cosa que ha hecho" mientras yo anotaba algo, y la verdad es que ese número es el que más me gustó. En el de velo, el momento de mayor sensualidad fue, paradójicamente, cuando se envolvió completamente en velos (lección para fans de enseñar carne). Finalmente, el sable es un elemento que no me gusta, porque suele utilizarse como una exhibición de virtuosismo y no termino de verle posibilidades expresivas. Reconozco que cuando entreví el brillo del sable en la oscuridad, pensé "oh, no, qué rollo, un sable". Para mí, sólo sirve como la "colección de momentos estelares" a la que me he referido alguna vez. Carolina luce una impresionante técnica de suelo, de equilibrio y de abdominales, pero yo no "conecto" con esa forma de bailar. Fuera de ese número Carolina me pareció una bailarina que mezcla buenas dosis de coquetería y expresividad con el virtuosismo. Y me encantó su shimmy. ¿Por qué? Porque el mejor shimmy es el que se hace con cara y gesto de que no estás haciendo un shimmy.
Dunia Alam comparte el virtuosismo con Carolina. Realizó tres números (crótalos, clásico, y una pieza algo más moderna con aires de Zar y muchas vueltas de pelo y cabeza) y tiene un estilo muy cabaret, muy americano a lo Bellydance Superstar. Algunos de sus gestos me recuerdan a la manera de coreografiar de las Bailarinas del Agua, otras grandes aficionadas a las coreografías difíciles. Me encantó su falda azul con estampado estilo azulejos árabes; con una delgadez tan llamativa quizá le sentarían bien tops tipo choli o mangas de gasa. Vi en Dunia una gran habilidad para preparar coreografías tan variadas que parecen improvisaciones. Sin embargo, al igual que con Carolina, yo no terminaba de conectar con la introspección de su tercer y último número. Mi favorito, el segundo, su difícil y original interpretación de la conocida canción Ya Zeina.
Aixa era toda una novedad para mí y su estilo interpretativo es el polo opuesto del cabaret, o del énfasis en el virtuosismo. Bailó cinco números: bastón, dos de clásico, percusión, y una larguísima coreografía de alas de Isis. Es una de estas bailarinas que se mueven lo justo y necesario y no más, que bailan mucho más con la mitad inferior del cuerpo que con la superior, y que no suelen tener ningún movimiento que resalte mucho más que el resto. Una persona que baila, que nunca "sigue los pasos". El Habibi, que a este paso va a hacer él las reseñas, no paró de alabar su fabulosa técnica con el pelo, y no precisamente porque lo sacudiera mucho, sino porque siempre lo llevaba perfecto aunque girase, y controlaba perfectamente qué hacer si se le venía hacia la cara. El Habibi dice que algunas bailarinas se lo apartan de la cara como si estuvieran nerviosas, o convierten el gesto de tocarse el pelo con coquetería en una especie de tic (es todo un caballero y no dará nombres). Esto... ¿será una indirecta para que yo también me lo deje suelto más a menudo?
Bromas aparte, Aixa comunica la sensación de que realmente siente lo que está bailando. Eso no significa que no sea capaz de hacer alardes de dificultad de energía, como nos demostró en su coreografía con alas de Isis. Para empezar, las utilizó como si fueran un asccesorio del estilo clásico. El aire, la expresividad, la música y los movimientos eran clásicos, egipcios, a pesar de que las alas suelan verse en coreografías de tipo fusión contemporánea. Para seguir, el número era larguísimo, y se notaba que requería muchísima resistencia. Lo remató con un solo de percusión con alas y todo, sumando perfectamente expresividad, dificultad y elegancia.
Por último, Nesma bailó dos coreografías con trajes muy llamativos por lo recargados, que ocultaban completamente el cuerpo. Se pueden ver trajes parecidos en las coreografías originales de Mahmoud Reda. O en el blog de su compañía. Nunca había visto una actuación en visvo con ropa que actuase tanto el cuerpo, y resulta obvio decir que es un reto para la bailarina, que tiene que ser más expresiva que nunca. Por una parte, porque sus movimientos se disimulan con tanta gasa. Y por otra, porque con tanto dorado la gente no te ve a ti, ve el vestido. Evidentemente, Nesma tiene carisma y técnica sobrados para superar esto, y bailó de una forma divertida y elegante, poniendo un contraste inesperado al resto de la gala.
Resumiendo: dos bailarinas modernas y dos clásicas, con un conjunto de poemas muy bien escogidos creando ambiente. Una de las galas mejor pensadas y más equilibradas que recuerdo.
Los números de baile fueron muchos (trece) y variados. De forma parecida a cómo en Antojo Oriental distintas bailarinas (y Zuel) se complementaban entre sí, con un estilo más alegre, más egipcio, más clásico o más moderno y así según la personalidad de cada una, aquí las cuatro bailarinas eran cada una un mundo. Comentaré a cada una de ellas por separado por orden de aparición:
Carolina Prior presentó tres coreografías: doble velo, flamencoriental y sable. Eso por sí solo ya nos advierte de que no estamos ante ninguna purista (¡ni ninguna cobarde, tampoco!). El Habibi alabó la elegancia de su traje para el flamenco árabe, un bedlah rojo y dorado espectacular. Él ya está acostumbrado a verme tomar notas mientras veo un espectáculo y ésta ha sido la primera vez que me dice "te has perdido una cosa que ha hecho" mientras yo anotaba algo, y la verdad es que ese número es el que más me gustó. En el de velo, el momento de mayor sensualidad fue, paradójicamente, cuando se envolvió completamente en velos (lección para fans de enseñar carne). Finalmente, el sable es un elemento que no me gusta, porque suele utilizarse como una exhibición de virtuosismo y no termino de verle posibilidades expresivas. Reconozco que cuando entreví el brillo del sable en la oscuridad, pensé "oh, no, qué rollo, un sable". Para mí, sólo sirve como la "colección de momentos estelares" a la que me he referido alguna vez. Carolina luce una impresionante técnica de suelo, de equilibrio y de abdominales, pero yo no "conecto" con esa forma de bailar. Fuera de ese número Carolina me pareció una bailarina que mezcla buenas dosis de coquetería y expresividad con el virtuosismo. Y me encantó su shimmy. ¿Por qué? Porque el mejor shimmy es el que se hace con cara y gesto de que no estás haciendo un shimmy.
Dunia Alam comparte el virtuosismo con Carolina. Realizó tres números (crótalos, clásico, y una pieza algo más moderna con aires de Zar y muchas vueltas de pelo y cabeza) y tiene un estilo muy cabaret, muy americano a lo Bellydance Superstar. Algunos de sus gestos me recuerdan a la manera de coreografiar de las Bailarinas del Agua, otras grandes aficionadas a las coreografías difíciles. Me encantó su falda azul con estampado estilo azulejos árabes; con una delgadez tan llamativa quizá le sentarían bien tops tipo choli o mangas de gasa. Vi en Dunia una gran habilidad para preparar coreografías tan variadas que parecen improvisaciones. Sin embargo, al igual que con Carolina, yo no terminaba de conectar con la introspección de su tercer y último número. Mi favorito, el segundo, su difícil y original interpretación de la conocida canción Ya Zeina.
Aixa era toda una novedad para mí y su estilo interpretativo es el polo opuesto del cabaret, o del énfasis en el virtuosismo. Bailó cinco números: bastón, dos de clásico, percusión, y una larguísima coreografía de alas de Isis. Es una de estas bailarinas que se mueven lo justo y necesario y no más, que bailan mucho más con la mitad inferior del cuerpo que con la superior, y que no suelen tener ningún movimiento que resalte mucho más que el resto. Una persona que baila, que nunca "sigue los pasos". El Habibi, que a este paso va a hacer él las reseñas, no paró de alabar su fabulosa técnica con el pelo, y no precisamente porque lo sacudiera mucho, sino porque siempre lo llevaba perfecto aunque girase, y controlaba perfectamente qué hacer si se le venía hacia la cara. El Habibi dice que algunas bailarinas se lo apartan de la cara como si estuvieran nerviosas, o convierten el gesto de tocarse el pelo con coquetería en una especie de tic (es todo un caballero y no dará nombres). Esto... ¿será una indirecta para que yo también me lo deje suelto más a menudo?
Bromas aparte, Aixa comunica la sensación de que realmente siente lo que está bailando. Eso no significa que no sea capaz de hacer alardes de dificultad de energía, como nos demostró en su coreografía con alas de Isis. Para empezar, las utilizó como si fueran un asccesorio del estilo clásico. El aire, la expresividad, la música y los movimientos eran clásicos, egipcios, a pesar de que las alas suelan verse en coreografías de tipo fusión contemporánea. Para seguir, el número era larguísimo, y se notaba que requería muchísima resistencia. Lo remató con un solo de percusión con alas y todo, sumando perfectamente expresividad, dificultad y elegancia.
Por último, Nesma bailó dos coreografías con trajes muy llamativos por lo recargados, que ocultaban completamente el cuerpo. Se pueden ver trajes parecidos en las coreografías originales de Mahmoud Reda. O en el blog de su compañía. Nunca había visto una actuación en visvo con ropa que actuase tanto el cuerpo, y resulta obvio decir que es un reto para la bailarina, que tiene que ser más expresiva que nunca. Por una parte, porque sus movimientos se disimulan con tanta gasa. Y por otra, porque con tanto dorado la gente no te ve a ti, ve el vestido. Evidentemente, Nesma tiene carisma y técnica sobrados para superar esto, y bailó de una forma divertida y elegante, poniendo un contraste inesperado al resto de la gala.
Resumiendo: dos bailarinas modernas y dos clásicas, con un conjunto de poemas muy bien escogidos creando ambiente. Una de las galas mejor pensadas y más equilibradas que recuerdo.
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domingo, octubre 19, 2008
A la venta: Calendario Danza Bella 2009

La Fundación Ana Bella de ayuda a mujeres maltratadas da, principalmente, un lugar donde vivir a mujeres sin hogar, en muchos casos tras huir de situaciones de violencia. Muchas bailarinas de Sevilla, Cádiz y Extremadura hemos participado en actuaciones benéficas para la Fundación con unos resultados siempre positivos. Ahora tenemos un proyecto algo más ambicioso que una gala.
Se trata de un calendario del 2009, con una fotografía por mes de algunas de las bailarinas y compañías de danza oriental y tribal más prestigiosas del país. Es un calendario de pared, tamaño cuartilla. Hemos intentado que sea un surtido variado de estilos y localidades y por eso podréis ver preciosas fotos, en su mayoría exclusivas, de (por orden de aparición):
Mónica Tello.
Raqs Al-Hilal.
Eva Chacón.
Ayda.
Leonor y Raqs Al Farah.
Munique Neith.
Las Bailarinas del Agua.
Carolina Prior.
Alba Hayal.
Morgana.
Aljaradanza.
Ana Otero.
El precio del calendario es de 8 euros más gastos de envío (estos gastos pueden oscilar entre 50 céntimos y 5 euros dependiendo de que envíe un paquete o un solo calendario). Así lo puedes conseguir:
- Si vives en Sevilla capital, dentro de algunos días estará disponible en la peluquería y las clases de Semíramis en el Tardón (Triana). El teléfono de la peluquería para que os explique cómo llegar es 954 34 35 63. Otros lugares se podrán consultar a Kayla. Kayla está localizable en martita557arrobahotmail.com.
- Si eres alumna de una de las profesoras del calendario, o las tienes cerca, éstas son las que ya me han dicho que quieren que les envíe unos cuantos:
Raqs Al Hilal (Cádiz)
Ayda (Barcelona)
Leonor (Montijo, Badajoz y alrededores)
Morgana (Madrid)
Aljaradanza (diferentes localizaciones por Sevilla capital y alrededores).
El calendario puede adquirirse en Córdoba en la gala Wallada del viernes 31 de Octubre. Muchas gracias a Aixa Laxmi por su colaboración. Los calendarios vendidos en Córdoba no llevan un extra de gastos de envío.
-Si eres una de las otras profesoras, o una de sus alumnas, y tu escuela no sale en esa lista, será un despiste mío o intenné ha perdido los emails por el camino. En cualquier caso, avísame, por favor, y lo arreglaremos rápidamente.
-Si vives en Estepa, o en sus alrededores, ya sabes dónde estoy. Centro Deportivo UP, en la carretera del Rubio.
Si todas estas localizaciones no te cogen cerca y quieres calendarios: envíame un email lo antes posible a eugeniaandino arroba yahoo punto com diciéndome cuántos quieres. Si tienes una escuela, o quieres calendarios para regalar a todas tus amigas bailarinas, los gastos de envío pueden ser reducidos porque mandar paquetes es más barato que mandar cartas.
Si quieres colaborar aunque no sea poniendo dinero: Cortapega toda esta entrada del blog y pégala en el tuyo.
Es tan bonito que yo compraría dos: uno para usarlo y escribir fechas importantes encima, y otro para recortarlo y usarlo como pequeños pósters.
Creo que lo más hermoso de todo es que esta es la obra colaborativa más numerosa de toda la danza oriental en España. Veintitrés bailarinas, sus fotógrafos, quienes les han facilitado complementos, vestuarios y localizaciones, cuatro bailarinas que no salen en las fotos, Ana Bella, el Habibi, Kayla, mi padre, yo y por supuesto el maquetador, Javier Morillas Cerezo, hemos colaborado altruistamente en este proyecto. Contadlas: son cuarenta y cinco personas como mínimo. Emocionante.
Ahora compradme el calendario, y emocionadme las demás también.
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miércoles, julio 30, 2008
Publicidad
Estamos buscando patrocinadores para un asunto de difusión nacional.
¿Tienes una tienda o escuela que quiera un anuncio? Va a ir en papel y saldrás en una lista de colaboradores que va a estar en varias páginas webs (entre otras, por supuesto, ésta). Es todo lo que se puede contar de momento. Si quieres más información, envía un email a eugeniaandino arroba yahoo punto com.
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martes, enero 29, 2008
Reseña de espectáculo: Sabores de Oriente con Samsara Tribe,
El pasado sábado día 26 estuve en la actuación de Samsara Tribe y las alumnas de Neferet en la Sala El Cachorro. Pasamos un rato buenísimo en esta actuación llena de encanto. Éste fue el programa:
En el primer pase...
-Velo, Samsaras. Una coreografía elegante y expresiva.
-Un solo de percusión muy popular (es el mismo que yo bailé en la actuación en Parque Alcosa, es perfecto para coreos fáciles), a cargo de Las Gawazy (sic).
-Crótalos, Samsaras. Una pieza breve que requiere mucha valentía, ya que coordinar los crótalos de cuatro bailarinas, con cambios de ritmoincluidos, no es nada fácil.
-Oriental Clásico con Las Gawazy.
-Oriental Moderno con Qalamana, que recuerda a una actriz de Hollywood de los años 40 o 50. Parecía el típico primer o segundo número del musical clásico de Hollywood, pero con caderas. Una expresividad fuera de lo normal, y ese aire coqueto que parece decir "no estoy haciendo nada, pero ¿y el arte que le pongo?".
-Oriental Clásico con Lili. Efectivamente, clásico. Bajar a bailar en el pasillo fue arriesgado, pero le dio la cercanía necesaria al número. Ya dije la primera vez que vi a las Samsaras que Lili es todo un descubrimiento, y desde entonces no ha hecho más que mejorar.
-Oriental Clásico, con las Gawazy. En este tercer y último número actuaron seis bailarinas distintas de las ocho anteriores. Rocío Fernández merece una mención especial, con diferencia la más expresiva de todas las Gawazy.
-Bastón, Samsaras. Un número alegre con unos trajes negros preciooooosos.
Después del descanso, el pase tribal.
-Neferet nos presentó una coreografía para sable muy diferente de la que le hemos visto en las actuaciones del año pasado. De aire perfectamente tribal, muy drámatico y espectacular, y con el sable en equilibrio sobre la cabeza la mayor parte del tiempo. Se la ve completamente segura, y fue el momento en el que más destacó esta bailarina. Y eso que a mí en general, el sable me deja fría.
-El resto del pase tribal fue muy homogéneo, sin cambios drásticos de estilo, aunque algunas piezas tenían un aire un poco más oriental que otras por la selección de los pasos. Si en el primer pase destacaba la expresividad de Qalamana y Lili, aquí es donde Naret parece sentirse más cómoda. El final fue muy alegre y bonito, con cada una de ellas alternándose para bailar un solo durante unos compases. Además, casi nunca se ven crótalos en tribal, y en este final daban un toque muy apropiado.
Repitieron la puesta en escena con diapositivas proyectadas sobre el fondo del escenario, todo un acierto. En conjunto, un grupo con mucha personalidad y con un futuro que parece buenísimo por delante. Sin embargo, no me resisto a nombrar algunas cosillas que me parece que pueden mejorarse.
-¿Por qué no poner el año en el cartel? Indica el día de la semana, así que los nietos de Naret se preguntarán si esta actuación fue del 2002, el 2008 o el 2013. Lo repito otra vez más: los carteles son un cruce entre un documento histórico y un documento oficial. Son el currículum de la bailarina. Necesitan el año, siempre.
-La participación de las Gawazy tiene la inmensa ventaja de que da tiempo a las artistas a cambiarse de traje sin que el público se aburra sin quitar unidad al espectáculo (no es lo mismo "Samsaras-y-alumnas", que "Samsaras-y-Nia", entonces ya serían más bien dos espectáculos en uno). Sin embargo, me pareció completamente innecesario sacar a bailar a ocho alumnas a la vez, sobre todo teniendo en cuenta que las alumnas suelen bailar coreografías que no requieren ninguna cooperación entre ellas. Vamos, que hay muchas personas bailando un solo. Si eran catorce alumnas en total, ¿por qué no hacer un grupo de cuatro y dos de cinco? Habrían tenido más espacio en el escenario y se habrían lucido mucho mejor.
-La iluminación fue quizá lo que menos me gustó. Las entradas y salidas se hacían a oscuras, independientemente de que cada coreografía acabara con una pose dramática, con un saludo, o sin nada. Completamente a osucras, las bailarinas saludaban al salir unas veces sí y otras no, a pesar de que el público aplaudía con entusiasmo. Por otra parte, las luces eran normalmente muy cálidas, pero demasiado débiles, especialmente cuando bailaban las Gawazy, que se movían entre sombras rosas.
Detalles sueltos, como se puede ver. ¡Ojalá la única pega de los próximos espectáculos que veamos sea la iluminación!
En el primer pase...
-Velo, Samsaras. Una coreografía elegante y expresiva.
-Un solo de percusión muy popular (es el mismo que yo bailé en la actuación en Parque Alcosa, es perfecto para coreos fáciles), a cargo de Las Gawazy (sic).
-Crótalos, Samsaras. Una pieza breve que requiere mucha valentía, ya que coordinar los crótalos de cuatro bailarinas, con cambios de ritmoincluidos, no es nada fácil.
-Oriental Clásico con Las Gawazy.
-Oriental Moderno con Qalamana, que recuerda a una actriz de Hollywood de los años 40 o 50. Parecía el típico primer o segundo número del musical clásico de Hollywood, pero con caderas. Una expresividad fuera de lo normal, y ese aire coqueto que parece decir "no estoy haciendo nada, pero ¿y el arte que le pongo?".
-Oriental Clásico con Lili. Efectivamente, clásico. Bajar a bailar en el pasillo fue arriesgado, pero le dio la cercanía necesaria al número. Ya dije la primera vez que vi a las Samsaras que Lili es todo un descubrimiento, y desde entonces no ha hecho más que mejorar.
-Oriental Clásico, con las Gawazy. En este tercer y último número actuaron seis bailarinas distintas de las ocho anteriores. Rocío Fernández merece una mención especial, con diferencia la más expresiva de todas las Gawazy.
-Bastón, Samsaras. Un número alegre con unos trajes negros preciooooosos.
Después del descanso, el pase tribal.
-Neferet nos presentó una coreografía para sable muy diferente de la que le hemos visto en las actuaciones del año pasado. De aire perfectamente tribal, muy drámatico y espectacular, y con el sable en equilibrio sobre la cabeza la mayor parte del tiempo. Se la ve completamente segura, y fue el momento en el que más destacó esta bailarina. Y eso que a mí en general, el sable me deja fría.
-El resto del pase tribal fue muy homogéneo, sin cambios drásticos de estilo, aunque algunas piezas tenían un aire un poco más oriental que otras por la selección de los pasos. Si en el primer pase destacaba la expresividad de Qalamana y Lili, aquí es donde Naret parece sentirse más cómoda. El final fue muy alegre y bonito, con cada una de ellas alternándose para bailar un solo durante unos compases. Además, casi nunca se ven crótalos en tribal, y en este final daban un toque muy apropiado.
Repitieron la puesta en escena con diapositivas proyectadas sobre el fondo del escenario, todo un acierto. En conjunto, un grupo con mucha personalidad y con un futuro que parece buenísimo por delante. Sin embargo, no me resisto a nombrar algunas cosillas que me parece que pueden mejorarse.
-¿Por qué no poner el año en el cartel? Indica el día de la semana, así que los nietos de Naret se preguntarán si esta actuación fue del 2002, el 2008 o el 2013. Lo repito otra vez más: los carteles son un cruce entre un documento histórico y un documento oficial. Son el currículum de la bailarina. Necesitan el año, siempre.
-La participación de las Gawazy tiene la inmensa ventaja de que da tiempo a las artistas a cambiarse de traje sin que el público se aburra sin quitar unidad al espectáculo (no es lo mismo "Samsaras-y-alumnas", que "Samsaras-y-Nia", entonces ya serían más bien dos espectáculos en uno). Sin embargo, me pareció completamente innecesario sacar a bailar a ocho alumnas a la vez, sobre todo teniendo en cuenta que las alumnas suelen bailar coreografías que no requieren ninguna cooperación entre ellas. Vamos, que hay muchas personas bailando un solo. Si eran catorce alumnas en total, ¿por qué no hacer un grupo de cuatro y dos de cinco? Habrían tenido más espacio en el escenario y se habrían lucido mucho mejor.
-La iluminación fue quizá lo que menos me gustó. Las entradas y salidas se hacían a oscuras, independientemente de que cada coreografía acabara con una pose dramática, con un saludo, o sin nada. Completamente a osucras, las bailarinas saludaban al salir unas veces sí y otras no, a pesar de que el público aplaudía con entusiasmo. Por otra parte, las luces eran normalmente muy cálidas, pero demasiado débiles, especialmente cuando bailaban las Gawazy, que se movían entre sombras rosas.
Detalles sueltos, como se puede ver. ¡Ojalá la única pega de los próximos espectáculos que veamos sea la iluminación!
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miércoles, diciembre 19, 2007
Reseña de espectáculo: Bajo el Mar de las Bailarinas del Agua.
El 1 de Diciembre pudimos disfrutar del segundo espectáculo de larga duración de las Bailarinas del Agua después de Agua y Fuego. Para empezar, es una buena noticia que la danza oriental en Sevilla tenga la suficiente madurez como para que se puedan montar espectáculos de carácter más o menos teatral: una sola compañía con invitadas, al menos media hora de baile, cierto hilo conductor en una estructura coherente, y mucha expresividad. Esto es algo que, cada uno a su manera, son capaces de hacer Zuel, Samsara Tribe y las acuáticas. Y surgirán más, de eso estoy segura, porque este formato "teatral" puede ser más atractivo para el público que la típica bailarina solista o los espectáculos en los que no hay relación entre los diversos números. Si me perdonáis el cinismo, se parece más a la tele. El buen estado de la danza en la ciudad se sigue observando en que no todo el público estaba compuesto por amigos y familia, así que algo estamos haciendo bien.
Vamos al espectáculo: a esta compañía, como ya dije la vez anterior, le entusiasman los accesorios. Pudimos ver: Velo, doble velo, alas, bastón, y sable, con una coreografía de cada uno, además de una pieza acompañada por los crótalos de Ayana. En este sentido, merece una mención especial la actuación de Laire con alas. Esa misma mañana le decía yo a Kayla que no me gustan mucho las alas porque me parecen poco versátiles y más dadas al virtuosismo que a la expresividad... hasta ver a Laire con ellas.
Más momentos estelares: Semíramis ha dado bien pronto con el punto folklórico perfecto que mejor le sienta, en cuanto se ha soltado a bailar sola piezas propias. Buenísima. La prueba de que no hace falta hacer movimientos espectacularmente difíciles para que el baile sea maravilloso.
Fue un gran acierto de todas las coreografías de grupo que no se trataba de tres (o dos) bailarinas bailando a la vez, sino de verdaderas piezas para grupo, con mucha compenetración entre las artistas. En esto decayó quizá un poco la pieza de sable, bailaba por Ayana y Laire y que podría haber sido pefectamente un solo.
Por supuesto, hicieron un genial número cómico, una versión de la canción "Bajo el Mar" de La Sirenita con juego de sillas musicales incluido. El vídeo se puede ver en su blog. Y el número final, con todas las participantes, precioso.
Para terminar le cedo la palabra a un completo desconocido que se sentó a nuestro lado y que al acabar le dijo esto a su amiga:
"Me ha gustado más que otros que he visto. Tienen ese punto de humor, ¿no? O sea, que tienen técnica pero que siempre parecen que están a punto de pasar al humor".
Vamos al espectáculo: a esta compañía, como ya dije la vez anterior, le entusiasman los accesorios. Pudimos ver: Velo, doble velo, alas, bastón, y sable, con una coreografía de cada uno, además de una pieza acompañada por los crótalos de Ayana. En este sentido, merece una mención especial la actuación de Laire con alas. Esa misma mañana le decía yo a Kayla que no me gustan mucho las alas porque me parecen poco versátiles y más dadas al virtuosismo que a la expresividad... hasta ver a Laire con ellas.
Más momentos estelares: Semíramis ha dado bien pronto con el punto folklórico perfecto que mejor le sienta, en cuanto se ha soltado a bailar sola piezas propias. Buenísima. La prueba de que no hace falta hacer movimientos espectacularmente difíciles para que el baile sea maravilloso.
Fue un gran acierto de todas las coreografías de grupo que no se trataba de tres (o dos) bailarinas bailando a la vez, sino de verdaderas piezas para grupo, con mucha compenetración entre las artistas. En esto decayó quizá un poco la pieza de sable, bailaba por Ayana y Laire y que podría haber sido pefectamente un solo.
Por supuesto, hicieron un genial número cómico, una versión de la canción "Bajo el Mar" de La Sirenita con juego de sillas musicales incluido. El vídeo se puede ver en su blog. Y el número final, con todas las participantes, precioso.
Para terminar le cedo la palabra a un completo desconocido que se sentó a nuestro lado y que al acabar le dijo esto a su amiga:
"Me ha gustado más que otros que he visto. Tienen ese punto de humor, ¿no? O sea, que tienen técnica pero que siempre parecen que están a punto de pasar al humor".
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lunes, octubre 01, 2007
Encuesta de Septiembre
Este mes han votado 120 personas en la encuesta sobre el uso de accesorios en el baile.
La mayoría, 48 personas, el 40%, opinan que el mejor momento para aprender a usar velo y bastón es cuando se tiene un control total del cuerpo, para hacer las cosas bien.
32, o el 27%, creen que es mejor empezar en un momento intermedio de la formación de la bailarina.
23, el 19%, piensan que es mejor empezar lo antes posible para no cogerles miedo. Me sorprende que seamos tan pocas las que pensamos esto.
Sólo 6, el 5%, creen que el velo debe aprenderse antes que el bastón. Ninguna opina lo contrario.
11, el 9%, no saben qué opcion es la mejor.
La mayoría, 48 personas, el 40%, opinan que el mejor momento para aprender a usar velo y bastón es cuando se tiene un control total del cuerpo, para hacer las cosas bien.
32, o el 27%, creen que es mejor empezar en un momento intermedio de la formación de la bailarina.
23, el 19%, piensan que es mejor empezar lo antes posible para no cogerles miedo. Me sorprende que seamos tan pocas las que pensamos esto.
Sólo 6, el 5%, creen que el velo debe aprenderse antes que el bastón. Ninguna opina lo contrario.
11, el 9%, no saben qué opcion es la mejor.
lunes, septiembre 17, 2007
Reseña de intensivo: Doble velo con Lairë
En Sevilla, el primer intensivo de la temporada lo ha impartido Lairë, que nos ha dado una introducción al doble velo, orientada sobre todo a quienes ya estamos familiarizadas con el velo simple.
Para quien no lo conozca, el doble velo consiste en bailar con dos velos a la vez. Los velos deben ser del mismo tamaño y calidad, y que sean del mismo o distinto color es una cuestión de gusto. Es una modalidad muy exigente físicamente, porque estás soportando el peso de dos velos en vez de uno. Mi velo habitual pesa 120 gramos; dos velos ya son 250. ¿Parece poco? Intenta hacer pesas con esa medida durante una hora entera (una clase) o dos o tres (un intensivo). Creo que el grado de fuerza física y de buen estado de salud de espalda, brazos y hombros es más importante que lo difícil que sea técnicamente; aunque a lo mejor pienso esto porque Lairë se explica estupendamente y las cosas no parecen difíciles.
Sobre la clase, siguió una estructura muy lógica y útil. Un calentamiento largo centrado en estirar la espalda, corrección postural, y movimientos básicos (ya tengo una forma más de explicar cómo se hacen los camellos, la sexta o séptima, y esta vez parece que me salen). Después, movimientos con un solo velo, con el que practicamos pasos tanto de la coreografía como trucos prácticos. Para aprovechar mejor el tiempo, cuando nos tomamos un descanso, nos enseñó cómo quedaba la coreografía completa de doble velo. Era una pieza muy espectacular, pero luego vimos que una vez que se sabe la teoría no es tan difícil, probablemente porque Lairë explica perfectamente. Sabe decirte “y pones la mano aquí” mientras vigila que llevas la espalda bien colocada. Además sabe alternar entre instrucciones detalladas, para explicar un paso dividido en fases, con explicaciones para que entiendas una idea general sobre el estilo y sepas montar esos pasos, pero a tu aire.
Aunque el doble velo me pareció un estilo demasiado duro para mí, el curso fue muy productivo. Ahora a esperar a que lleguen las clases regulares de Lairë.
Para quien no lo conozca, el doble velo consiste en bailar con dos velos a la vez. Los velos deben ser del mismo tamaño y calidad, y que sean del mismo o distinto color es una cuestión de gusto. Es una modalidad muy exigente físicamente, porque estás soportando el peso de dos velos en vez de uno. Mi velo habitual pesa 120 gramos; dos velos ya son 250. ¿Parece poco? Intenta hacer pesas con esa medida durante una hora entera (una clase) o dos o tres (un intensivo). Creo que el grado de fuerza física y de buen estado de salud de espalda, brazos y hombros es más importante que lo difícil que sea técnicamente; aunque a lo mejor pienso esto porque Lairë se explica estupendamente y las cosas no parecen difíciles.
Sobre la clase, siguió una estructura muy lógica y útil. Un calentamiento largo centrado en estirar la espalda, corrección postural, y movimientos básicos (ya tengo una forma más de explicar cómo se hacen los camellos, la sexta o séptima, y esta vez parece que me salen). Después, movimientos con un solo velo, con el que practicamos pasos tanto de la coreografía como trucos prácticos. Para aprovechar mejor el tiempo, cuando nos tomamos un descanso, nos enseñó cómo quedaba la coreografía completa de doble velo. Era una pieza muy espectacular, pero luego vimos que una vez que se sabe la teoría no es tan difícil, probablemente porque Lairë explica perfectamente. Sabe decirte “y pones la mano aquí” mientras vigila que llevas la espalda bien colocada. Además sabe alternar entre instrucciones detalladas, para explicar un paso dividido en fases, con explicaciones para que entiendas una idea general sobre el estilo y sepas montar esos pasos, pero a tu aire.
Aunque el doble velo me pareció un estilo demasiado duro para mí, el curso fue muy productivo. Ahora a esperar a que lleguen las clases regulares de Lairë.
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domingo, julio 01, 2007
Reseña de espectáculo: Agua y Fuego.
Pues llegó el estreno más esperado desde Piratas del Caribe 3: el debut oficial de las Bailarinas del Agua. Las tres tienen mucha experiencia bailando en público, de todas formas, juntas y por separado, así que no es que fuera su primera actuación, y se notaba lo trabajado que estaba todo, desde los trajes a las selecciones musicales y la técnica. Hay que añadir que tienen el enorme mérito de ser trabajadoras a tiempo completo en sus respectivas profesiones, y además una de ellas es opositora y otra lo fue hasta hace pocos meses. Son muestra de que donde hay ganas nunca falta tiempo.
Lo primero que hay que tener en cuenta sobre las Bailarinas del Agua es que tienen un estilo absolutamente propio. De un grupo en el que una de las bailarinas (la única que ejerce como profesora) tiene un nombre artístico sacado no del árabe ni del turco, sino del élfico, no creo que se pueda esperar que sean las mayores defensoras de la sacrosanta pureza de algo. Afortunadamente, porque como no me cansaré de repetir, bailarinas hay montones, el público a veces entiende mucho y a veces no, y la forma de distinguirse es o ser la mejor, o ser la más barata, o ser muy diferente. Evidentemente, ofreciendo el servicio más barato te haces mal favor a ti y a tu profesión, sea la que sea. Ser el mejor, ayuda, pro no basta. Ser diferente es la clave. Veamos cómo consiguen estan bailarinas ser diferentes.
En primer lugar, por su vestuario, que es cuidado, elegante y bonito, y en muchas ocasiones de confección casera, lo que es una muestra de su imaginación. Además, así cada traje es verdaderamente único, y pueden coordinarse de manera que puedan, por ejemplo, ir las tres vestidas a juego pero no iguales, como en la coreografía en la que lucen trajes cabaret rojos, los tres diferentes, y cada uno apropiado para quien lo llevaba. Mis felicitaciones a las diseñadoras y a las costureras.
Un segundo aspecto muy original era la selección de estilos. ¡A toda la compañía le entusiasman los accesorios! En un total de diez piezas, pudimos ver velas, alas, velo, doble velo, pandereta, sable, y si contamos los bastoncitos de caramelo de Chocolate, también bastón: siete accesorios. Ayana bailó con crótalos, pero para mí no son un accesorio, son un instrumento musical. Sólo tres piezas no incluían accesorios: la de crótalos de Ayana, la colaboración de Semíramis y Ayana, y un solo de percusión bailado por las tres. No sé mucho sobre el origen folklórico de la pandereta, pero la coreografía que la utilizaba tenía un estilo más parecido al de un solo de percusión que al de un baile folklórico. Es decir, el uso de tanto complemento da a las bailarinas un estilo absolutamente occidental y contemporáneo, alternado con una técnica corporal mixta que va de lo muy sutil a lo muy exagerado. Imagino que si el grupo tiene continuidad y se va renovando, este entusiasmo por el accesorio se moderará y podremos ver programas en los que la variedad no dependa sólo de ellos.
En la única actuación que yo había visto hasta ahora de las Bailarinas del Agua, su "Chocolate" en el cumpleaños de Zuel, se vio su gran capacidad para el humor y la expresión. Esta vez, se atrevieron a repetir esa pieza, introduciendopequeños cambios. Aunque ninguna otra tuvo el mismo tono de humor, se nota que podrían hacer un número entero de danza-teatro-clown-oriental si quisieran. Aquí quien más destaca es Ayana, que me hacía imaginar una obra con diálogos y todo estilo payaso listo-payaso tonto. Me veo a Salma de profesora de ballet sargento, Lairë de etérea odalisca mística y Ayana de la alumna que no entiende nada.
Y ya para terminar, algunos de los momentos estelares:
-Los momentos más dinámicos del baile con velas, que hasta ahora yo sólo había visto utilizadas en bailes muy lentos, o en poses estáticas.
-Lairë lanzando el velo hacia atrás, ¡en una actuación al aire libre! ¡Qué valor! ¡Y aterrizaba donde ella quería! La coreografía de velo, preciosa, nena, móntanos un intensivo y enséñanosla.
-Las caras de Ayana cuando "perdía el paso" en Chocolate.
-Salma bailando alas con Natacha Atlas cantando "I put a spell on you". Qué buen gusto. Me encanta la música moderna-de-aire-oriental utilizada en bailes modernos-de-inspiración-oriental.
-El buen ambiente que creaba la divertida coreografía de pandereta.
Un par de cosas que en mi opinión pueden ir mejorando para el próximo es que estaría bien que bailaran más veces las tres juntas, y que en las coreografías de grupo hubiera mucha interacción entre ellas. Esto es algo que ya hacen, pero cuanto nmás incluyan, mejor.
El uso de sable para escenificar una lucha me encantó, pero no me gustó tanto que al final del combate hubiera una perdedora y una ganadora, no sé, me parecía bastante violento. ¿Tal vez si la perdedora huyera, en lugar de acabar haciendo el puente de rodillas en el suelo?
Hasta aquí el agua, pero además de las colaboraciones de Semíramis y Mariló, estaba la otra mitad del espectáculo, el Fuego: Zuel, tan fantástico como siempre, combinando piezas folklóricas con otras más modernas y con un número inspirado en los derviches. Este hombre, de verdad, es un gran profesor, un gran bailarín, y visto este espectáculo, es un gran compañero. No se puede pedir más.
Lo primero que hay que tener en cuenta sobre las Bailarinas del Agua es que tienen un estilo absolutamente propio. De un grupo en el que una de las bailarinas (la única que ejerce como profesora) tiene un nombre artístico sacado no del árabe ni del turco, sino del élfico, no creo que se pueda esperar que sean las mayores defensoras de la sacrosanta pureza de algo. Afortunadamente, porque como no me cansaré de repetir, bailarinas hay montones, el público a veces entiende mucho y a veces no, y la forma de distinguirse es o ser la mejor, o ser la más barata, o ser muy diferente. Evidentemente, ofreciendo el servicio más barato te haces mal favor a ti y a tu profesión, sea la que sea. Ser el mejor, ayuda, pro no basta. Ser diferente es la clave. Veamos cómo consiguen estan bailarinas ser diferentes.
En primer lugar, por su vestuario, que es cuidado, elegante y bonito, y en muchas ocasiones de confección casera, lo que es una muestra de su imaginación. Además, así cada traje es verdaderamente único, y pueden coordinarse de manera que puedan, por ejemplo, ir las tres vestidas a juego pero no iguales, como en la coreografía en la que lucen trajes cabaret rojos, los tres diferentes, y cada uno apropiado para quien lo llevaba. Mis felicitaciones a las diseñadoras y a las costureras.
Un segundo aspecto muy original era la selección de estilos. ¡A toda la compañía le entusiasman los accesorios! En un total de diez piezas, pudimos ver velas, alas, velo, doble velo, pandereta, sable, y si contamos los bastoncitos de caramelo de Chocolate, también bastón: siete accesorios. Ayana bailó con crótalos, pero para mí no son un accesorio, son un instrumento musical. Sólo tres piezas no incluían accesorios: la de crótalos de Ayana, la colaboración de Semíramis y Ayana, y un solo de percusión bailado por las tres. No sé mucho sobre el origen folklórico de la pandereta, pero la coreografía que la utilizaba tenía un estilo más parecido al de un solo de percusión que al de un baile folklórico. Es decir, el uso de tanto complemento da a las bailarinas un estilo absolutamente occidental y contemporáneo, alternado con una técnica corporal mixta que va de lo muy sutil a lo muy exagerado. Imagino que si el grupo tiene continuidad y se va renovando, este entusiasmo por el accesorio se moderará y podremos ver programas en los que la variedad no dependa sólo de ellos.
En la única actuación que yo había visto hasta ahora de las Bailarinas del Agua, su "Chocolate" en el cumpleaños de Zuel, se vio su gran capacidad para el humor y la expresión. Esta vez, se atrevieron a repetir esa pieza, introduciendopequeños cambios. Aunque ninguna otra tuvo el mismo tono de humor, se nota que podrían hacer un número entero de danza-teatro-clown-oriental si quisieran. Aquí quien más destaca es Ayana, que me hacía imaginar una obra con diálogos y todo estilo payaso listo-payaso tonto. Me veo a Salma de profesora de ballet sargento, Lairë de etérea odalisca mística y Ayana de la alumna que no entiende nada.
Y ya para terminar, algunos de los momentos estelares:
-Los momentos más dinámicos del baile con velas, que hasta ahora yo sólo había visto utilizadas en bailes muy lentos, o en poses estáticas.
-Lairë lanzando el velo hacia atrás, ¡en una actuación al aire libre! ¡Qué valor! ¡Y aterrizaba donde ella quería! La coreografía de velo, preciosa, nena, móntanos un intensivo y enséñanosla.
-Las caras de Ayana cuando "perdía el paso" en Chocolate.
-Salma bailando alas con Natacha Atlas cantando "I put a spell on you". Qué buen gusto. Me encanta la música moderna-de-aire-oriental utilizada en bailes modernos-de-inspiración-oriental.
-El buen ambiente que creaba la divertida coreografía de pandereta.
Un par de cosas que en mi opinión pueden ir mejorando para el próximo es que estaría bien que bailaran más veces las tres juntas, y que en las coreografías de grupo hubiera mucha interacción entre ellas. Esto es algo que ya hacen, pero cuanto nmás incluyan, mejor.
El uso de sable para escenificar una lucha me encantó, pero no me gustó tanto que al final del combate hubiera una perdedora y una ganadora, no sé, me parecía bastante violento. ¿Tal vez si la perdedora huyera, en lugar de acabar haciendo el puente de rodillas en el suelo?
Hasta aquí el agua, pero además de las colaboraciones de Semíramis y Mariló, estaba la otra mitad del espectáculo, el Fuego: Zuel, tan fantástico como siempre, combinando piezas folklóricas con otras más modernas y con un número inspirado en los derviches. Este hombre, de verdad, es un gran profesor, un gran bailarín, y visto este espectáculo, es un gran compañero. No se puede pedir más.
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lunes, abril 23, 2007
El nivel de una clase y los accesorios
Hay tres formas igualmente beneficiosas para la alumna de entender cuál es el mejor momento para introducir los complementos en una clase de danza oriental. Como he tenido muchas profesoras, he vivido las dos.
La de mi primera profesora era más o menos: vamos a coger el velo YA para que no le cojáis miedo. En estas clases, el velo se introducía muy rápido, los crótalos se usaban antes de cumplir un año, y el bastón y el sable se dejaban para después, pero no mucho después. La razón de esto era múltiple. Por un lado, entretener lo más posible y que las alumnas tuvieran la sensación de que aprendían mucho y rápido. Por otra, quitar el miedo al accesorio. Estoy convencida de que debo a este sistema que mi habilidad con el velo siempre haya sido mayor a mi habilidad con cualquier otro elemento del baile; por ejemplo, antes de dar clase con Zuel llevaba mejores brazos con velo que sin él. La razón es, simplemente, que el velo nunca me ha dado miedo.
La de mi segunda profesora era exactamente opuesta. Tal como lo recuerdo: "¿Cómo va a usar un complemento alguien que todavía no controla su propio cuerpo? Os confundiríais". Me recuerda a mi maestra de Educación Física en el colegio, que cuando yo tenía unos doce años, puso en su sitio a los chulitos que decían que si podíamos trabajar con pesas. Ella les dijo que no puedes trabajar con pesas si no puedes con el peso de tu cuerpo, por ejemplo, manteniéndonos erguidos en lugar de dejándonos caer. Este método de dar clase tiene como virtud que no se ve a la bailarina moviendo su cuerpo con torpeza y el complemento con más torpeza, y permite la realización de coreografías mejor construidas, más bonitas, más complejas. Menos necesidad de trabajar con complementos simplemente porque sí. Inconveniente: las alumnas que se desmoralicen porque crean que como los complementos sólo se usan en niveles avanzados, eso quiere decir que son difíciles.
Hay un tercer punto de vista, que algunas alumnas y profesoras no comparten y que se desmarca del dilema "complemento ya, complemento más tarde", que es no impartir nunca en clase el uso y técnica del accesorio, y dejarlo exclusivamente para los intensivos. Esto tiene dos ventajas: cuando vas a las clases regulares, no necesitas equipamiento extra, y además tú eliges en qué momento de tu formación quieres empezar con el accesorio. Y tiene el inconveniente de que si quieres aprender a usar accesorios, tienes que pagar aparte, y más caro. Algunas consideran que es poco ético que una profesora experta en accesorios los evite deliberadamente en sus clases regulares, pero en mi opinión, si es una decisión motodológica y no económica, es tan válida como cualquiera de las otras dos.
La de mi primera profesora era más o menos: vamos a coger el velo YA para que no le cojáis miedo. En estas clases, el velo se introducía muy rápido, los crótalos se usaban antes de cumplir un año, y el bastón y el sable se dejaban para después, pero no mucho después. La razón de esto era múltiple. Por un lado, entretener lo más posible y que las alumnas tuvieran la sensación de que aprendían mucho y rápido. Por otra, quitar el miedo al accesorio. Estoy convencida de que debo a este sistema que mi habilidad con el velo siempre haya sido mayor a mi habilidad con cualquier otro elemento del baile; por ejemplo, antes de dar clase con Zuel llevaba mejores brazos con velo que sin él. La razón es, simplemente, que el velo nunca me ha dado miedo.
La de mi segunda profesora era exactamente opuesta. Tal como lo recuerdo: "¿Cómo va a usar un complemento alguien que todavía no controla su propio cuerpo? Os confundiríais". Me recuerda a mi maestra de Educación Física en el colegio, que cuando yo tenía unos doce años, puso en su sitio a los chulitos que decían que si podíamos trabajar con pesas. Ella les dijo que no puedes trabajar con pesas si no puedes con el peso de tu cuerpo, por ejemplo, manteniéndonos erguidos en lugar de dejándonos caer. Este método de dar clase tiene como virtud que no se ve a la bailarina moviendo su cuerpo con torpeza y el complemento con más torpeza, y permite la realización de coreografías mejor construidas, más bonitas, más complejas. Menos necesidad de trabajar con complementos simplemente porque sí. Inconveniente: las alumnas que se desmoralicen porque crean que como los complementos sólo se usan en niveles avanzados, eso quiere decir que son difíciles.
Hay un tercer punto de vista, que algunas alumnas y profesoras no comparten y que se desmarca del dilema "complemento ya, complemento más tarde", que es no impartir nunca en clase el uso y técnica del accesorio, y dejarlo exclusivamente para los intensivos. Esto tiene dos ventajas: cuando vas a las clases regulares, no necesitas equipamiento extra, y además tú eliges en qué momento de tu formación quieres empezar con el accesorio. Y tiene el inconveniente de que si quieres aprender a usar accesorios, tienes que pagar aparte, y más caro. Algunas consideran que es poco ético que una profesora experta en accesorios los evite deliberadamente en sus clases regulares, pero en mi opinión, si es una decisión motodológica y no económica, es tan válida como cualquiera de las otras dos.
jueves, abril 12, 2007
El velo no es una prenda de vestir.
Ya dije una vez hace mucho tiempo que el velo de la danza oriental no es una prenda de vestir, y cualquiera que haya leído mis opiniones sobre la relación entre la danza oriental y el erotismo sabrá que la danza oriental ha pasado por una larga y complicada carrera para no ser considerada una forma de strip-tease o de danza erótica. Que nuestro baile con velo no se parezca a un strip-tease me parece vital para que nos respeten como bailarinas, y para el prestigio del conjunto de la profesión.
Hay unas cuantas cosas que podemos hacer para conseguirlo. La primera, utilizar un velo que no haga juego con nuestro traje. Donde vivo, es costumbre ser muy conservador con las combinaciones de colores, y cuando vamos a bailar, es normal que queramos una falda lisa, un top del mismo color.... y un velo de la misma tela que la falda. Aunque la mismísima Samia Gamal bailara en el DVD que reseñaré algún día con un velo así, es un poquitín ambiguo y creo que obliga a bailar de una forma que deje aún más claro de qué va esto. A mí no me desagrada, pero creo que es mucho mejor bailar con un velo que combine o contraste bien pero no haga juego. Como esta página, un velo celeste con un traje rosa. Un velo blanco o gris o marfil que vaya con todo. Un velo negro con purpurinas rojas con un traje rojo. Un velo amarillo con un traje verde. Mi velo es gris-claro-casi-blanco con el borde fucsia y suelo usarlo con ropa morada.
La segunda cosa que podemos hacer, que puede empobrecer el baile pero es ir sobre seguro, es no hacer movimientos de velo que hagan que parezca una prenda de vestir. Por ejemplo, una vez aprendí una coreografía en la que una esquina del velo se introducía en la falda sobre la cadera izquierda, te pasabas el velo por delante y te lo enrollabas hacia arriba, de manera que te lo subías por encima del hombro izquierdo. Se enganchaba al top o a la tiranta del sujetador, se daban un par de pasos, y te lo volvías a quitar. Es bonito, pero la complicación está en cómo te lo quitas sin que parezca, simplemente, que te estás desnudando.
La tercera cosa y la más importante que podemos hacer es tener la actitud adecuada en el baile. Es decir, los movimientos que nos ocultan detrás del velo pueden ser preciosos y le dan variedad a cualquier coreografía, pero la clave está en retirar el velo sin aspavientos. Sin poner "caras" seductoras, por ejemplo. Sabemos que la actitud es tres cuartas partes del baile, así que aquí lo más importante es que no pensemos que poner y quitar el velo sea algo seductor. Una posibilidad es pensar en la actitud que muchas veces tiene el oriental de misterioso y frío: "estoy aquí, pero estoy yo sola, y no pienso dejar que te acerques". Ocultarse sería equivalente a ese momento de una coreografía en el que estás alejándote del público, y revelarse, a la actitud opuesta, más alegre. Paradójicamente, bien ejecutado el momento de lejanía "endiosada", distante, puede ser más atrayente que el descaro.
Recuerdo una ocasión en la que bailando con Zuel teníamos que dar un caderazo de espaldas al público, mirando un momento por encima del hombro. Era un movimiento simple y fácil que a muchas nos daba pudor hacer. Y él nos explicó que era una cuestión de actitud, que hasta una caderazo de espaldas puede hacerse con sutileza y elegancia. Tal como yo lo veo, el problema del velo se resuelve igual: con actitud y con elegancia.
Hay unas cuantas cosas que podemos hacer para conseguirlo. La primera, utilizar un velo que no haga juego con nuestro traje. Donde vivo, es costumbre ser muy conservador con las combinaciones de colores, y cuando vamos a bailar, es normal que queramos una falda lisa, un top del mismo color.... y un velo de la misma tela que la falda. Aunque la mismísima Samia Gamal bailara en el DVD que reseñaré algún día con un velo así, es un poquitín ambiguo y creo que obliga a bailar de una forma que deje aún más claro de qué va esto. A mí no me desagrada, pero creo que es mucho mejor bailar con un velo que combine o contraste bien pero no haga juego. Como esta página, un velo celeste con un traje rosa. Un velo blanco o gris o marfil que vaya con todo. Un velo negro con purpurinas rojas con un traje rojo. Un velo amarillo con un traje verde. Mi velo es gris-claro-casi-blanco con el borde fucsia y suelo usarlo con ropa morada.
La segunda cosa que podemos hacer, que puede empobrecer el baile pero es ir sobre seguro, es no hacer movimientos de velo que hagan que parezca una prenda de vestir. Por ejemplo, una vez aprendí una coreografía en la que una esquina del velo se introducía en la falda sobre la cadera izquierda, te pasabas el velo por delante y te lo enrollabas hacia arriba, de manera que te lo subías por encima del hombro izquierdo. Se enganchaba al top o a la tiranta del sujetador, se daban un par de pasos, y te lo volvías a quitar. Es bonito, pero la complicación está en cómo te lo quitas sin que parezca, simplemente, que te estás desnudando.
La tercera cosa y la más importante que podemos hacer es tener la actitud adecuada en el baile. Es decir, los movimientos que nos ocultan detrás del velo pueden ser preciosos y le dan variedad a cualquier coreografía, pero la clave está en retirar el velo sin aspavientos. Sin poner "caras" seductoras, por ejemplo. Sabemos que la actitud es tres cuartas partes del baile, así que aquí lo más importante es que no pensemos que poner y quitar el velo sea algo seductor. Una posibilidad es pensar en la actitud que muchas veces tiene el oriental de misterioso y frío: "estoy aquí, pero estoy yo sola, y no pienso dejar que te acerques". Ocultarse sería equivalente a ese momento de una coreografía en el que estás alejándote del público, y revelarse, a la actitud opuesta, más alegre. Paradójicamente, bien ejecutado el momento de lejanía "endiosada", distante, puede ser más atrayente que el descaro.
Recuerdo una ocasión en la que bailando con Zuel teníamos que dar un caderazo de espaldas al público, mirando un momento por encima del hombro. Era un movimiento simple y fácil que a muchas nos daba pudor hacer. Y él nos explicó que era una cuestión de actitud, que hasta una caderazo de espaldas puede hacerse con sutileza y elegancia. Tal como yo lo veo, el problema del velo se resuelve igual: con actitud y con elegancia.
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lunes, abril 02, 2007
Qué tendrá el velo, qué tendrá: encuesta de Marzo.
Estos son los resultados de la encuesta de Marzo:
Hay 215 participantes, que son un montón. Muchas gracias a todas por participar.
El 15% prefieren la alegría folklórica y pícara del bastón.
Un 65% prefiere el velo, y no me extraña porque yo soy de las fanáticas de este complemento.
Sólo el 4% prefieren la sencillez del baile sin ninguno de los dos. ¿será porque prefieren los soles de percusión?
y un 34 % no se decide entre velo y bastón.
Los lectores(as) habituales comprenderán que me ha resultado un poco difícil diseñar la encuesta de este mes, pero quería reflejar todas las opiniones diferentes posibles.
Hay 215 participantes, que son un montón. Muchas gracias a todas por participar.
El 15% prefieren la alegría folklórica y pícara del bastón.
Un 65% prefiere el velo, y no me extraña porque yo soy de las fanáticas de este complemento.
Sólo el 4% prefieren la sencillez del baile sin ninguno de los dos. ¿será porque prefieren los soles de percusión?
y un 34 % no se decide entre velo y bastón.
Los lectores(as) habituales comprenderán que me ha resultado un poco difícil diseñar la encuesta de este mes, pero quería reflejar todas las opiniones diferentes posibles.
martes, marzo 27, 2007
Uso del velo y otros accesorios.
Ya he hablado un poco sobre las posibilidades del velo. Esta es una opinión muy subjetiva sobre lo que me gusta ver, más que una descripción de las posibilidades de este accesorio, y es la primera de una serie.
No me gusta que una coreografía de velo incluya ningún otro accesorio . Por una parte, porque la simplicidad permite que el público aprecie mejor cada uno de tus movimientos, y por otra parte, porque cada accesorio tiene su momento, sus características, y todas ellas son únicas y no siempre compatibles. Es como bailar sevillanas con bata de cola: por bonito que quede, no es lo más adecuado. Detallaré:
El velo es un invento reciente, adaptado al gusto occidental, asociado a dos estilos: en forma de entrada, al egipcio clásico con influencia del ballet. En forma de coreografía completa, al estilo americano u occidental. Descartamos por tanto todos los accesorios de origen folklórico: el bastón, el shamadan, y aunque no sean un accesorio, los crótalos. De todas formas, no creo que sea posible sostener en las manos a la vez un velo y unos crótalos, ¿no?
El velo es adecuado para movimientos suaves, y un aire más bien seductor. Descartamos el sable. Evidentemente no puedes bailar con las dos cosas a la vez; lo que quiero decir es que quedaría muy raro hace una entrada de velo, soltarlo, y entonces coger el sable. Cosas más raras se han visto.
Esto no es un accesorio, pero como si lo fuera. El velo es muy, pero que muy sexy. No le añadimos más elemento sexy de la cuenta. Descartamos el suelo, que para mí es casi un accesorio más. No es que esté escrito en ninguna parte que no se puedan hacer velo primero y suelo después en una misma coreografía: al fin y al cabo, los dos son elementos fundamentales del estilo americano. Pero a mí me parece, no malo, sino excesivo. Quizá queda bien si el velo se usa sólo para una breve entrada.
Resumiendo: es mejor usar un solo accesorio cada vez. Menos es más con todo, y con esto, también.
No me gusta que una coreografía de velo incluya ningún otro accesorio . Por una parte, porque la simplicidad permite que el público aprecie mejor cada uno de tus movimientos, y por otra parte, porque cada accesorio tiene su momento, sus características, y todas ellas son únicas y no siempre compatibles. Es como bailar sevillanas con bata de cola: por bonito que quede, no es lo más adecuado. Detallaré:
El velo es un invento reciente, adaptado al gusto occidental, asociado a dos estilos: en forma de entrada, al egipcio clásico con influencia del ballet. En forma de coreografía completa, al estilo americano u occidental. Descartamos por tanto todos los accesorios de origen folklórico: el bastón, el shamadan, y aunque no sean un accesorio, los crótalos. De todas formas, no creo que sea posible sostener en las manos a la vez un velo y unos crótalos, ¿no?
El velo es adecuado para movimientos suaves, y un aire más bien seductor. Descartamos el sable. Evidentemente no puedes bailar con las dos cosas a la vez; lo que quiero decir es que quedaría muy raro hace una entrada de velo, soltarlo, y entonces coger el sable. Cosas más raras se han visto.
Esto no es un accesorio, pero como si lo fuera. El velo es muy, pero que muy sexy. No le añadimos más elemento sexy de la cuenta. Descartamos el suelo, que para mí es casi un accesorio más. No es que esté escrito en ninguna parte que no se puedan hacer velo primero y suelo después en una misma coreografía: al fin y al cabo, los dos son elementos fundamentales del estilo americano. Pero a mí me parece, no malo, sino excesivo. Quizá queda bien si el velo se usa sólo para una breve entrada.
Resumiendo: es mejor usar un solo accesorio cada vez. Menos es más con todo, y con esto, también.
domingo, marzo 25, 2007
Reseña de Espectáculo: Concurso para no profesionales en Sevilla
Ayer estuve en el concurso organizado por Portal Oriental (sobre esa web tengo que hablar otro día), en Sevilla, dirigido exclusivamente a bailarinas no profesionales con poca experiencia. Era necesario para participar que un profesor firmara por ti que llevabas menos de dos años bailando, y que no se hubiese bailado en público de forma continuada. Un requisito que no comprendo es que las coreografías podían incluir como accesorios solamente velas o velo, o ninguno, pero no se admitían otros accesorios como crótalos, alas, sable, ni siquiera bastón. ¿Según qué lógica una principiante puede bailar con velas, pero no con bastón? Que el bastón sea más adecuado al nivel básico que el velo es un criterio subjetivo mío, pero desde luego, las velas para mí son poco más que una curiosidad, mientras que el bastón es un elemento importante del repertorio folklórico, accesible para cualquier principiante.
El concurso, ante todo, me parece una idea excelente, una forma maravillosa de acercar la danza oriental, al poder verse el arte y las ganas de bailar de las principiantes (y la técnica que les han enseñado sus profesoras). Me alegró muchísimo ver la sala tan llena, aunque quizá los organizadores se pasaron de ingenuos al pensar que en una sala donde caben cómodamente menos de cincuenta personas serviría para un concurso con 15 participantes: a poco que cada bailarina fuera acompañada por tres amigas, local completo. El próximo, ¡nos tenemos que ir al Lope de Vega!
Lo que se puede deducir de ver este espectáculo es que a las sevillanas les encanta el velo. Lo adoran, y quizá se deba a que en clase no se utiliza lo suficiente (sobre esto también tengo que escribir otra opinión). De las quince concursantes, once llevaban velo, de las cuales seis lo usaron para la coreografía completa y cinco lo soltaron en algún momento, que no siempre fue inmediatamente después de hacer una entrada. El suelo es también un favorito de las sevillanas: cinco bajaron al suelo, en algunos casos con enorme virtuosismo, elegancia, o flexibilidad. Y lo más sorprendente: tres coreografías incluían las dos cosas: suelo y velo. En ocasiones, parecía que las concursantes quisieran en una sola canción dar al jurado un catálogo completo de sus habilidades, enlazando todo lo más complejo o espectacular que saben hacer. Algunas de las coreografías diseñadas así eran más acertadas que otras.
Me sorprendió que la mayoría de las piezas musicales eran de aire egipcio-clásico, ya sabéis: violines, percusión, lo típico, supongo que por su versatilidad a la hora de coreografiar y por sus cambios de ritmo, que lucen más que el pop estilo Hakim.
A continuación quisiera decir algo sobre cada bailarina:
Neferet bailó fuera de concurso, con un conjunto de aire tribal, una coreografía de sable. Demostró una gran habilidad para sostenerlo en equilibrio y me gustó ver una coreografía de sable de nivel avanzado, ya que en España no lo había visto nunca y en Estados Unidos sólo lo vi en principiantes. Me pareció muy adecuada su elección de una pieza de música del grupo sevillano Caravasar.
Amparo Obando bailó con velo un solo de percusión, demostrando la energía de su larguísimo shimmy.
Adriana Perdigones, también con velo, gira estupendamente; me habría gustado verla hacer muchos giros seguidos.
Angeles Salgueiro bailó con velo una pieza muy clásica, que siempre es un reto porque con las canciones muy conocidas, las habituales de estos espectáculos tenemos alguna coregrafía anterior en la cabeza.
Carmen Ramírez, que sólo utilizó el velo para hacer una entrada, hizo la exhibición en suelo más impresionante de la noche. Tiene una técnica estupenda y seguro que seguirá haciéndonos disfrutar.
Lola Vera y Sara Iglesias ejecutaron el único baile conjunto de la noche. Su dúo, sin velo, fue muy alegre. Sonreían al público, y no sólo bailaban allí las dos a la vez (habitual en los bailes en grupo), sino que claramente se relacionaban la una con la otra.
Anabel Reyes se atrevió con un “sobre” con su velo, un movimiento bonito y arriesgado.
Belén Moreno entró con velas y velo, eligiendo una música original, pues fue de las pocas electrónicas que se pudieron escuchar. De las velas se deshizo rápidamente, y me sorprendió al ser la segunda vez en mi vida que veo un velo de seda sobre el escenario; la primera fue mi primera profesora, una profesional con décadas de experiencia. El velo de seda es difícil de manejar y más en este caso, pues era muy fino.
Carmen Mesa también utilizó una música original para dar variedad entre tanto clásico. Su canción de pop al estilo de Hakim (no reconocí al cantante) acompañaba un número de velo, que como el de Anabel, incluía un “sobre”.
Alba Olivares también utilizó velo, que soltó elegantemente después de su entrada. Tiene un shimmy precioso, y una sonrisa enigmática.
Cristina Holgado demostró, para mi gusto, el mejor shimmy de la noche (salvando el de Mariló, pero la ejecución era muy distinta en sus vibraciones). Pequeño, controlado. Estoy segura de que aprenderá a hacerlo muy largo y hará brillantes solos de percusión. En esta ocasión quiso lucir muchas de sus habilidades: el velo, una gran capacidad para bailar en el suelo, y los giros de cabeza que quedan fabulosos con su larga melena. A mi pareja le llamó la atención la elegancia de sus brazos.
Marta Mercado... en fin, Marta tiene nueve años, lleva poco tiempo bailando y no sólo se mueve como una profesional, sino que se expresa estupendamente y sonríe porque se nota que se lo pasa bien. Con una bailarina tan jovencita habría riesgo de que más que bailar, “hiciera los pasos”. Tiene técnica y espontaneidad, y es capaz de controlar un velo más grande que ella.
Samantha Muñoz tenía mucho que demostrar viniendo después de Marta, que hizo que a todos se nos cayera la babita, e hizo una coreografía clásica con entrada de velo.
Yolanda Guerra, con un traje precioso, lució su técnica de suelo y sus brazos.
Mariló García nos conquistó con la canción más alegre de la noche, sus impresionantes shimmies de puntillas, y la alegría de su baile, con mejor la sonrisa y mucha expresividad.
Sonia Fernández nos contó después de su actuación que por causas ajenas a la voluntad de todos, su participación tuvo que ser improvisada, y bailó la canción de aire entre electrónica, pop y étnica que vino escuchando en su coche desde Cádiz. Sin duda su improvisación, que contó con una parte en el suelo, tuvo mucho mérito y demuestra su sentido del ritmo. Espero volver a verla por Sevilla.
Fuera ya del concurso, Naret (Paula Castilla) ofreció una muestra de baile tribal. Al igual que con el sable, es la primera vez que veo este estilo en España, aunque en Estados Unidos vi profesionales. El estilo de Naret es elegante, suave y fluido, mucho más que la idea de tribal que yo me traje de América, y ella demuestra un gran control de los movimientos pequeños. Me dejó con ganas de más.
Los premios de la noche fueron:
Premio del Jurado para Carmen Ramírez.
Terceras finalistas: Lola Vera y Sara Iglesias, cuya profesora es Nadira.
Segunda finalista: Marta Mercado, cuya profesora es Naret.
Ganadora: Mariló García, cuyo profesor es Zuel.
Mencionaría el nombre de la profesora de Carmen Ramírez si lo supiera, si alguien puede dármelo, por favor, dejadme un comentario, pues creo que es justo nombrar a quienes han formado a estas bailarinas. Mi enhorabuena a todas, a las ganadoras y a las demás participantes, y a sus profesoras también.
El concurso, ante todo, me parece una idea excelente, una forma maravillosa de acercar la danza oriental, al poder verse el arte y las ganas de bailar de las principiantes (y la técnica que les han enseñado sus profesoras). Me alegró muchísimo ver la sala tan llena, aunque quizá los organizadores se pasaron de ingenuos al pensar que en una sala donde caben cómodamente menos de cincuenta personas serviría para un concurso con 15 participantes: a poco que cada bailarina fuera acompañada por tres amigas, local completo. El próximo, ¡nos tenemos que ir al Lope de Vega!
Lo que se puede deducir de ver este espectáculo es que a las sevillanas les encanta el velo. Lo adoran, y quizá se deba a que en clase no se utiliza lo suficiente (sobre esto también tengo que escribir otra opinión). De las quince concursantes, once llevaban velo, de las cuales seis lo usaron para la coreografía completa y cinco lo soltaron en algún momento, que no siempre fue inmediatamente después de hacer una entrada. El suelo es también un favorito de las sevillanas: cinco bajaron al suelo, en algunos casos con enorme virtuosismo, elegancia, o flexibilidad. Y lo más sorprendente: tres coreografías incluían las dos cosas: suelo y velo. En ocasiones, parecía que las concursantes quisieran en una sola canción dar al jurado un catálogo completo de sus habilidades, enlazando todo lo más complejo o espectacular que saben hacer. Algunas de las coreografías diseñadas así eran más acertadas que otras.
Me sorprendió que la mayoría de las piezas musicales eran de aire egipcio-clásico, ya sabéis: violines, percusión, lo típico, supongo que por su versatilidad a la hora de coreografiar y por sus cambios de ritmo, que lucen más que el pop estilo Hakim.
A continuación quisiera decir algo sobre cada bailarina:
Neferet bailó fuera de concurso, con un conjunto de aire tribal, una coreografía de sable. Demostró una gran habilidad para sostenerlo en equilibrio y me gustó ver una coreografía de sable de nivel avanzado, ya que en España no lo había visto nunca y en Estados Unidos sólo lo vi en principiantes. Me pareció muy adecuada su elección de una pieza de música del grupo sevillano Caravasar.
Amparo Obando bailó con velo un solo de percusión, demostrando la energía de su larguísimo shimmy.
Adriana Perdigones, también con velo, gira estupendamente; me habría gustado verla hacer muchos giros seguidos.
Angeles Salgueiro bailó con velo una pieza muy clásica, que siempre es un reto porque con las canciones muy conocidas, las habituales de estos espectáculos tenemos alguna coregrafía anterior en la cabeza.
Carmen Ramírez, que sólo utilizó el velo para hacer una entrada, hizo la exhibición en suelo más impresionante de la noche. Tiene una técnica estupenda y seguro que seguirá haciéndonos disfrutar.
Lola Vera y Sara Iglesias ejecutaron el único baile conjunto de la noche. Su dúo, sin velo, fue muy alegre. Sonreían al público, y no sólo bailaban allí las dos a la vez (habitual en los bailes en grupo), sino que claramente se relacionaban la una con la otra.
Anabel Reyes se atrevió con un “sobre” con su velo, un movimiento bonito y arriesgado.
Belén Moreno entró con velas y velo, eligiendo una música original, pues fue de las pocas electrónicas que se pudieron escuchar. De las velas se deshizo rápidamente, y me sorprendió al ser la segunda vez en mi vida que veo un velo de seda sobre el escenario; la primera fue mi primera profesora, una profesional con décadas de experiencia. El velo de seda es difícil de manejar y más en este caso, pues era muy fino.
Carmen Mesa también utilizó una música original para dar variedad entre tanto clásico. Su canción de pop al estilo de Hakim (no reconocí al cantante) acompañaba un número de velo, que como el de Anabel, incluía un “sobre”.
Alba Olivares también utilizó velo, que soltó elegantemente después de su entrada. Tiene un shimmy precioso, y una sonrisa enigmática.
Cristina Holgado demostró, para mi gusto, el mejor shimmy de la noche (salvando el de Mariló, pero la ejecución era muy distinta en sus vibraciones). Pequeño, controlado. Estoy segura de que aprenderá a hacerlo muy largo y hará brillantes solos de percusión. En esta ocasión quiso lucir muchas de sus habilidades: el velo, una gran capacidad para bailar en el suelo, y los giros de cabeza que quedan fabulosos con su larga melena. A mi pareja le llamó la atención la elegancia de sus brazos.
Marta Mercado... en fin, Marta tiene nueve años, lleva poco tiempo bailando y no sólo se mueve como una profesional, sino que se expresa estupendamente y sonríe porque se nota que se lo pasa bien. Con una bailarina tan jovencita habría riesgo de que más que bailar, “hiciera los pasos”. Tiene técnica y espontaneidad, y es capaz de controlar un velo más grande que ella.
Samantha Muñoz tenía mucho que demostrar viniendo después de Marta, que hizo que a todos se nos cayera la babita, e hizo una coreografía clásica con entrada de velo.
Yolanda Guerra, con un traje precioso, lució su técnica de suelo y sus brazos.
Mariló García nos conquistó con la canción más alegre de la noche, sus impresionantes shimmies de puntillas, y la alegría de su baile, con mejor la sonrisa y mucha expresividad.
Sonia Fernández nos contó después de su actuación que por causas ajenas a la voluntad de todos, su participación tuvo que ser improvisada, y bailó la canción de aire entre electrónica, pop y étnica que vino escuchando en su coche desde Cádiz. Sin duda su improvisación, que contó con una parte en el suelo, tuvo mucho mérito y demuestra su sentido del ritmo. Espero volver a verla por Sevilla.
Fuera ya del concurso, Naret (Paula Castilla) ofreció una muestra de baile tribal. Al igual que con el sable, es la primera vez que veo este estilo en España, aunque en Estados Unidos vi profesionales. El estilo de Naret es elegante, suave y fluido, mucho más que la idea de tribal que yo me traje de América, y ella demuestra un gran control de los movimientos pequeños. Me dejó con ganas de más.
Los premios de la noche fueron:
Premio del Jurado para Carmen Ramírez.
Terceras finalistas: Lola Vera y Sara Iglesias, cuya profesora es Nadira.
Segunda finalista: Marta Mercado, cuya profesora es Naret.
Ganadora: Mariló García, cuyo profesor es Zuel.
Mencionaría el nombre de la profesora de Carmen Ramírez si lo supiera, si alguien puede dármelo, por favor, dejadme un comentario, pues creo que es justo nombrar a quienes han formado a estas bailarinas. Mi enhorabuena a todas, a las ganadoras y a las demás participantes, y a sus profesoras también.
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martes, febrero 13, 2007
Reseña de intensivo: Velo con Zuel.
Creo que de Zuel como profesor ya he dicho un montón, así que ya sabéis lo que opino: que su calentamiento es excelente, que se organiza muy bien, que es buen bailarín pero mejor profesor, y que es muy expresivo. Este intensivo, sin embargo, fue un poco diferente de otros con Zuel porque incluyó bastante técnica de respiración, y no consistió sólo en aprender coreografía sino también en familiarizarnos con el velo. El nivel del grupo de por la tarde, el mío, era de nivel muy mixto: había desde principiantes con semanas de práctica a profesionales. Por eso, los ejercicios iniciales venían muy bien para quienes le tuvieran un poco de "miedo" al velo. Yo llevaba sin usarlo un año y tres meses y fue una ocasión para ponernos al día y familiarizarnos de nuevo el uno con el otro.
La coreografía fue muy corta, quizá demasiado, y del nivel de dificultad perfecto, en mi opinión. Eso sí, más importante que los movimientos era la expresión, ya que había muchos cambios: melancólica, enérgica, sensual, distante. Una cantidad sorprendente de cambios en cuestión de segundos. Para esto fue maravillosamente útil el intensivo de expresión corporal del día anterior.
Me alegro muchísimo de haberme apuntado. Mi velo y yo queremos más.
La coreografía fue muy corta, quizá demasiado, y del nivel de dificultad perfecto, en mi opinión. Eso sí, más importante que los movimientos era la expresión, ya que había muchos cambios: melancólica, enérgica, sensual, distante. Una cantidad sorprendente de cambios en cuestión de segundos. Para esto fue maravillosamente útil el intensivo de expresión corporal del día anterior.
Me alegro muchísimo de haberme apuntado. Mi velo y yo queremos más.
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viernes, enero 26, 2007
Cabaret
La primera vez que escuché esta palabra en un contexto de danza oriental fue para referirse al traje. Estaba yo por entonces en Estados Unidos: "cabaret costume" era el traje dos piezas, del que normalmente se compraba el sujetador y el cinturón y la falda te la hacías tú, como expliqué hace tiempo. Un poco más adelante me enteré de que el cabaret era otro nombre del estilo más habitual en Estados Unidos, que allí suele llamarse también simplemente "American Belly Dance". No tiene nada que ver con el tribal, sino que es más bien una adaptación del raqs sharqi al gusto norteamericano y a las necesidades de las bailarinas que viven en ese país.
Shira hace una excelente descripción de los diferentes tipos de danza del vientre que hay en Estados Unidos y según ella, alguna características del estilo americano son las que voy a resumir para quien no leéis en inglés:
-Adaptación a la idea americana de espectáculo, por ejemplo con participación del público y con cambios en la musica entre canción y canción. Nada puede durar más que unos pocos minutos en una cultura en la que todo es zapping.
-Uso de complementos como el velo y la espada. Las coreografías de velo suelen ocupar una canción entera.
-Uso de pop egipcio.
-Fusión de movimientos de cualquier origen que le guste a la bailarina: movimientos de todo el Mediterráneo y Oriente Medio en el mismo espectáculo, o la misma canción. Algunos movimientos, como por ejemplo las ondulaciones de las manos, o la ondulación de la caja torácica, son según Shira más americanos que egipcios.
-Baile en el suelo.
-Los movimientos no son sutiles y se da más importancia al virtuosismo del movimiento que a la expresividad. El objetivo suele ser sorprender, porque el público no entiende mucho de lo que está viendo.
-Visualmente, ya sabéis: pedrería, lentejuelas, flecos bordados, lo típico.
Shira no llama cabaret a este estilo: lo llama American Restaurant Style por evitar la palabra cabaret y escoger uno de los lugares donde se puede ver bailarinas profesionales: restaurantes. El problema que ella encuentra en la palabra cabaret es la connotación sexual. Un cabaret, como local, puede ser dos cosas: una especie de restaurante o bar de copas en el que se pueden ver espectáculos de variedades, incluyendo música, danza, humor, y teatro, por un lado. Y por otro, un prostíbulo que utiliza un espectáculo de componente sexual como tapadera para las fuerzas del orden o como atracción para los clientes. Es este último significado el que parecen entender las profesoras y alumnas de mi ciudad.
En el par de años que llevo de vuelta en España, he visto en alguna ocasión que una bailarina era criticada (a sus espaldas, naturalmente) por bailar cabaret. Conozco a una bailarina que tiene un estilo que hasta donde yo sé es muy egipcio. Desde luego, poco americano, y en absoluto procaz. Una vez, le hablé de ella a otra bailarina con más o menos la misma experiencia (en calidad y en años), y me dijo "ah, pero es que yo bailo egipcio clásico. Y quien tú dices no baila danza oriental, baila Cabaret".
Posteriormente, cada vez que he hablado con una conocida que no ha salido satisfecha de un intensivo, el término ha surgido de una forma u otra. "No baila oriental, baila Cabaret". El sentido nunca es "baila americanizado", sino "baila con un aire demasiado erótico para mi gusto". El momento más revelador me ocurrió hace un par de meses, viendo una actuación de alumnas de na profesora que no conozco. La compañera que estaba a mi lado me susurró en cierto momento "ese paso no me gusta. Es demasiado cabaret". El paso consistía simplemente en caminar por el escenario, con los brazos dejados caer a los lados y las caderas sueltas trazando un leve ocho, en un momento de música lenta. Cada bailarina caminaba en una dirección, así que ninguna miraba al público (lo cual podría haber resultado muy insinuante). El momento no era erótico, sino teatral. Creo que mi compañera utilizaba cabaret como casi todo el mundo en mi ciudad: Cabaret significa "cualquier cosa que no me guste". Demasiado sexy / erótico, poco profesional, no-egipcio, demasiado americanizado, demasiado españolizado/imaginativo/adaptado al gusto personal de la bailarina, no lo bastante folklórico, demasiado teatral, contrario al egipcio clásico según Mahmoud Reda. Sí, algunos de estos sentidos son contradictorios entre sí porque cada española que ha mencionado la palabra cabaret lo ha hecho con un sentido diferente, siempre negativo. Para mí, Cabaret seguirá siendo sinónimo de American Belly Dance, un estilo tan válido como cualquier otro si se practica con elegancia.
Shira hace una excelente descripción de los diferentes tipos de danza del vientre que hay en Estados Unidos y según ella, alguna características del estilo americano son las que voy a resumir para quien no leéis en inglés:
-Adaptación a la idea americana de espectáculo, por ejemplo con participación del público y con cambios en la musica entre canción y canción. Nada puede durar más que unos pocos minutos en una cultura en la que todo es zapping.
-Uso de complementos como el velo y la espada. Las coreografías de velo suelen ocupar una canción entera.
-Uso de pop egipcio.
-Fusión de movimientos de cualquier origen que le guste a la bailarina: movimientos de todo el Mediterráneo y Oriente Medio en el mismo espectáculo, o la misma canción. Algunos movimientos, como por ejemplo las ondulaciones de las manos, o la ondulación de la caja torácica, son según Shira más americanos que egipcios.
-Baile en el suelo.
-Los movimientos no son sutiles y se da más importancia al virtuosismo del movimiento que a la expresividad. El objetivo suele ser sorprender, porque el público no entiende mucho de lo que está viendo.
-Visualmente, ya sabéis: pedrería, lentejuelas, flecos bordados, lo típico.
Shira no llama cabaret a este estilo: lo llama American Restaurant Style por evitar la palabra cabaret y escoger uno de los lugares donde se puede ver bailarinas profesionales: restaurantes. El problema que ella encuentra en la palabra cabaret es la connotación sexual. Un cabaret, como local, puede ser dos cosas: una especie de restaurante o bar de copas en el que se pueden ver espectáculos de variedades, incluyendo música, danza, humor, y teatro, por un lado. Y por otro, un prostíbulo que utiliza un espectáculo de componente sexual como tapadera para las fuerzas del orden o como atracción para los clientes. Es este último significado el que parecen entender las profesoras y alumnas de mi ciudad.
En el par de años que llevo de vuelta en España, he visto en alguna ocasión que una bailarina era criticada (a sus espaldas, naturalmente) por bailar cabaret. Conozco a una bailarina que tiene un estilo que hasta donde yo sé es muy egipcio. Desde luego, poco americano, y en absoluto procaz. Una vez, le hablé de ella a otra bailarina con más o menos la misma experiencia (en calidad y en años), y me dijo "ah, pero es que yo bailo egipcio clásico. Y quien tú dices no baila danza oriental, baila Cabaret".
Posteriormente, cada vez que he hablado con una conocida que no ha salido satisfecha de un intensivo, el término ha surgido de una forma u otra. "No baila oriental, baila Cabaret". El sentido nunca es "baila americanizado", sino "baila con un aire demasiado erótico para mi gusto". El momento más revelador me ocurrió hace un par de meses, viendo una actuación de alumnas de na profesora que no conozco. La compañera que estaba a mi lado me susurró en cierto momento "ese paso no me gusta. Es demasiado cabaret". El paso consistía simplemente en caminar por el escenario, con los brazos dejados caer a los lados y las caderas sueltas trazando un leve ocho, en un momento de música lenta. Cada bailarina caminaba en una dirección, así que ninguna miraba al público (lo cual podría haber resultado muy insinuante). El momento no era erótico, sino teatral. Creo que mi compañera utilizaba cabaret como casi todo el mundo en mi ciudad: Cabaret significa "cualquier cosa que no me guste". Demasiado sexy / erótico, poco profesional, no-egipcio, demasiado americanizado, demasiado españolizado/imaginativo/adaptado al gusto personal de la bailarina, no lo bastante folklórico, demasiado teatral, contrario al egipcio clásico según Mahmoud Reda. Sí, algunos de estos sentidos son contradictorios entre sí porque cada española que ha mencionado la palabra cabaret lo ha hecho con un sentido diferente, siempre negativo. Para mí, Cabaret seguirá siendo sinónimo de American Belly Dance, un estilo tan válido como cualquier otro si se practica con elegancia.
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